En estos momentos, que un virus es capaz de saltar las alarmas de medio mundo y fundir los plomos de la nube más alta, que el capital de un país puede quedarse a cero, con una sola tecla, recordamos uno de los momentos iníciales, con mayor repercusión en el mundo. El virus I LOVE YOU. La seguridad antivirus no tenía la dimensión de hoy. No había legislación para delitos informáticos y tampoco una cultura de prevención instalada. Pero lo que realmente hizo imparable a uno de los virus más destructivos de la historia, hace 15 años, fue lo tentador de su mensaje. Lo deseado, lo anhelado, el modo simple en que hizo blanco en la necesidad más básica. En 2000, unas 50 millones de computadoras fueron infectadas por un virus que prometía una carta con un mensaje que todo el mundo quiere escuchar: «Te amo».

El I Love you, o LoveLetter, o VeryFunny hizo su aparición el 8 de mayo de 2000. Y en horas se esparció por todo el planeta con una velocidad asombrosa. Al abrir el correo electrónico, uno se encontraba con un archivo de nombre LOVE-LETTER-FOR-YOU.TXT.vbs. (Una carta de amor para vos). La extensión .txt podía hacer pensar que se trataba de un simple texto. Pero el .vbs final que pasaba inadvertido (y que remite al visual basic script, un lenguaje de programación) era el huevo de la serpiente.

La víbora atacó a 30 mil computadoras en la Argentina. Y en todo el mundo se metió en 50 millones de PC, nada menos que el 10 por ciento de los aparatos con conexión a Internet en aquella época, hablamos del año 2000.

Pero los blancos del ILoveYou fueron también de alta gama. Según el periódico CLARIN:

«En el exterior, el virus ya hizo estragos. La Casa Blanca, el Pentágono y el Congreso estadounidense se vieron afectados. En este último organismo paralizó el Senado y la Cámara de Representantes, según informaciones oficiales (…) El virus también se propagó rápidamente en Europa, especialmente en Gran Bretaña, Suiza y Alemania. En Inglaterra alteró el mismísimo sistema de comunicaciones de la Cámara de los Comunes de Londres».

Casi desde el comienzo se señaló a Filipinas como el punto de partida de la infección global. El 8 de mayo, se arrestó a una pareja en la capital, Manila. Se trataba de Reonel Ramones, de 27 años, empleado del departamento de informática del Equitable Bank, y su esposa Irene de Guzmán, de 23 años.

Habían sido identificados como los autores del virus por un estudiante sueco de 19 años que, habiendo descubierto la firma de los autores del ILoveYou, la divulgó al FBI.

Un par de días después apareció en escena el hermano de la mujer, Onel de Guzmán, quien primero aseguró que había disparado el virus por accidente y luego confesó haber sido el único autor

Pero el daño ya estaba hecho. Todas las estimaciones dieron como piso del costo generado por el virus descomunales 5.000 millones de dólares. En la línea del Melissa (un año antes) y el pionero Michelangelo, fue un virus masivo y arrasador, el último en llegar a la portada de los diarios y rozar la histeria colectiva.

El virus se aprovechó de una condición de época que ya no existe. Se distribuía automáticamente sólo si se tenía como correo predeterminado el Microsoft Outlook o el Outlook Exprés, que al estar anclados al Windows 95, 98 y 2000 concentraban un altísimo porcentaje de computadoras. También se vio beneficiado por la escasa cultura de prevención, sobre todo en ámbitos laborales. Pero, definitivamente, no podría haber llegado a una dimensión tan grande de no haber condensado la necesidad más básica del ser humano. A fin de cuentas, todo el mundo necesita ser amado

Y después…

De Guzmán fue imputado primero en base a la Ley Normativa sobre Instrumentos de Acceso de Filipinas, que principalmente protegía las contraseñas de tarjetas de crédito. Pero, sin legislación específica, fue dejado en libertad en agosto de ese mismo año, libre de culpa y cargo. Y el caso disparó la confección de legislación puntual en buena parte del mundo.

Hoy, 2015, los CRYPTO LOCKER, siguen vagando por nuestras redes, y lo que es peor, se han convertido en un negocio demasiado suculento para hackers experimentados, lo que lo hace “profesión” a tener en cuenta para el futuro.

El delito informático ya no es futuro, es actual y con el tiempo, será un quebradero de cabeza que nos llevará a una nube, imposible de controlar. Una nube que vaga por los instintos más primerizos del ser humano, el amor sin duda es un Cupido, fácil de rajar por completo las intrínsecas venas de nuestros ordenadores.

Karlos Ros

Karlos Ros

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