“ALFA”

Finalmente ha llegado la primavera…, estiro cada centímetro de mi cuerpo y dejo que el sol acaricie mi piel desnuda llenándome de calidez. Ha sido un invierno largo. Una brisa del sur me revuelve el pelo y me sumerjo bostezando en un sopor de éxtasis.

Giro la cabeza y lo veo observándome con la mirada del que sabe que no voy a ser capaz de rechazarlo. ¿Cómo puede ejercer este poder sobre mí? Cada vez que él aparece mi sexo se humedece, mis ojos se entrecierran, mis pezones se erizan rígidos, y todos mis sentidos se enfocan en un solo pensamiento.

Su cuerpo estilizado, fuerte y musculoso se muestra en todo su esplendor. No quiero moverme aunque mis músculos se tensan y me pongo de pie, dándole la espalda.

Estoy hambrienta de su olor, del roce de su piel, de sus dientes en mi cuello, de su miembro duro invadiéndome con urgencia y bestialidad, sin preámbulos.

Camina hacia mí, y me lame la oreja con sabiduría. Mi corazón se acelera al instante al ver su miembro erecto que late con premura por llenar mi cuerpo; gimo. Huele mi sexo y se yergue sobre mi espalda, rozándome con su miembro caliente. Mi cuerpo pide a gritos que me penetre con rudeza y él responde con un ronco gruñido alzando su hocico, desgarrándome de placer.

Mi estatus en la jerarquía de la manada me permitiría elegir a cualquier otro macho, pero no lo hago. Él es mi lobo alfa y omega.

Cayetana

Microrrelato ganador del concurso de literatura erótica “50 Sombras de Generación Fénix” . Su autor ha ganado:

Jurado:

Dany Campos ( Guionista y Realizador)  «Tiene la virtud de la sencillez y de la profundidad. Tiene un punto filosófico que provoca la reflexión de nuestra condición como humanos. Y, sobre todo, acierta en su tesis: el erotismo más sofisticado no deja de ser una cara más de la sexualidad más salvaje» y Pedro J. Martínez ( Escritor, cantautor y bioquímico).

¡Enhorabuena!

Mención especial a los otros dos relatos:

“ELLA”

El corazón se me oprimió con delicia cuando ella me miró. Sus ojos destilaban un brillo diferente al habitual, una luz que me hizo saber que el deseo por fin era mutuo. Le devolví la mirada al instante, con embeleso, y seguí con una emoción desmesurada los movimientos de sus finas manos de alabastro. Me sorprendí descubriendo que los dedos de mi chica preferida eran dulces, y que escribían sobre mi piel lo que ella no se atrevía a decir en voz alta. Me contaban historias que finalizaban con un te quiero , deslizándose entre los finos cabellos que cubrían el tesoro que tan sólo le pertenecía a ella, como si jamás quisiera desprenderse de mí. Me estremecían con esa manera tan delicada de plasmar sus anhelos más recónditos, esos que habían estado tan ocultos tras esa capa de inseguridad que, después de tanto tiempo, al fin se estaba derritiendo. Y me hacía tan feliz que fuese conmigo, que hubiese reunido el valor para desnudar su alma delante de mí…

Mi abanico de pestañas se plegó a la par que el de ella, dibujando dos finas líneas negras de placer, mientras la habitación se inundaba de la suave melodía erótica que para mí eran sus gemidos. Desde el espejo, encerrada, pero curiosamente libre de prejuicios, reflejé sus suaves y estimulantes movimientos. Y, por fin, tras tantos años oculta en las sombras…me quise a mí misma. Tal y como ella había aprendido a hacer.

Lara Cortajarena Rodríguez

“ANSIA”

Me llama, otra vez. Ambos sabemos que no tengo fuerza de voluntad suficiente para resistirme a sus provocaciones, así que acudo raudo a su encuentro. Con la respiración entrecortada voy directo al grano: la agarro con las dos manos y me la llevo a la boca, donde mi juguetona lengua espera ya, ansiosa, deseando sentir su textura. Empiezo poco a poco, pero cada vez estoy más excitado y acabo metiéndomela prácticamente entera, como un animal. Cierro los ojos y gimo: hmmm. Y lamo, muerdo, saboreo… Y trago, incontables veces, hasta quedar ahíto y satisfecho. En cuanto las ondas de placer se diluyen, llegan fieles a su cita la culpa y el remordimiento. Mientras me limpio la boca, juro que esta ha sido la última, que la próxima vez que trate de tentarme, seré fuerte. Y estoy a punto de creérmelo cuando vuelvo a escuchar mi nombre. Miro con resignación hacia la encimera de la cocina. La tableta de chocolate me llama, otra vez.

Antonio Ávila Calmaestra

 

 

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