Hace un tiempo, en un congreso al que acudí de Nutrición y Alimentación uno de los ponentes comentaba durante su charla el enorme parecido que existía en la actualidad en la conducta alimentaria entre el hombre prehistórico y nuestros adolescentes: nuestros chicos, decía, se asemejaban al hombre de Cromagnon. Éste, una vez que atrapaba a su pieza, se refugiaba en su cueva, solo, a comer con las manos el alimento que constituía su sustento energético. De igual manera, en la actualidad nuestros adolescentes acuden a la cocina donde una vez preparado su bocadillo, hamburguesa o trozo de pizza, se refugian en su habitación, delante de su ordenador, a comerse aislados su “pieza” de alimento.
Este símil puede parecer exagerado, pero no lo es. En contra de lo que caracteriza al humano, que es en sí mismo un ser social, en la alimentación actual tendemos a comer solos, independientes, delante del ordenador o de la tele, lo que está influyendo negativamente sobre el grado de obesidad. Esta situación no se limita a nuestros adolescentes.

Durante mi reciente estancia en EE.UU, hubo algo que llamó poderosamente mi atención. Sucedía en mi laboratorio de la universidad de Tufts en Boston, EE.UU, conocida en el mundo como una de las más prestigiosas en el estudio y la investigación en nutrición. En la mayor parte de sus 14 pisos dedicados únicamente a la investigación en nutrición, era paradójico observar cómo la mayoría de sus investigadores comían en soledad, delante de su ordenador. Allí sacaban su plato de comida preparada. La mayor parte constituida por alimentos susceptibles de ser comidos encima de un teclado. Sin parar de teclear se comían las alitas de pollo, hamburguesas, o algún sándwich adquirido en los múltiples establecimientos de comida rápida que rodeaban nuestro edificio. En ese momento pensé que éste sería el futuro en España como no tratáramos de parar esta tendencia, mediante una adecuada divulgación. La familia, a mi entender, es el lugar indicado para inculcar hábitos adecuados y nosotros como padres tenemos un papel protagonista.

Un estudio, publicado en el “Journal of the American Dietetic Association”, ha establecido los efectos positivos de comer habitualmente en familia durante la adolescencia. La investigación recopiló los datos de los jóvenes en dos fases. Primero, se anotaron los hábitos alimenticios de 3.074 estudiantes de Minnesota entre 1998 y 1999, cuya media de edad era de 20 años. En segundo lugar, y tres años más tarde, se contactó con 2.513 de estos individuos para examinar los cambios producidos en sus patrones alimenticios. Las estadísticas mostraron que aquellos adolescentes que comían con su familia a menudo consumieron posteriormente más frutas y vegetales. Se daban diferencias entre las chicas y los chicos: ellas comían en casa más que ellos.

En definitiva, existe una asociación directa entre el número de comidas familiares de un adolescente y la calidad de la alimentación que llevará cuando sea adulto. Aunque ahora no veas grandes avances en la nutrición de tu hijo no te preocupes, cuando sea adulto tu hijo, si ha comido habitualmente con la familia, tendrá unos hábitos más saludables que aquellos que no lo han hecho.
Te animo a hacer al menos una comida diaria en familia. Ya sé que a veces no resulta fácil, pero te aseguro que conseguirás un avance importante en la educación de tus hijos.

Marta-Garaulet-Edited

 

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