Tomando como el vertebrador de la Gran Manzana ese enorme pulmón de naturaleza en medio del corsé de asfalto que es Central Park, podemos establecer unos ejes que lo cruzan y en cuyos extremos encontramos distintos espacios museísticos de referencia mundial.

Si ordenásemos de norte a sur y en sentido de las agujas del reloj los más importantes encontraríamos nombres bien conocidos: Met, Guggenheim, MoMA y Museo de Historia Natural. Arte clásico, moderno, contemporáneo, Historia, Ciencia y Naturaleza encuentran cabida en lugares emblemáticos y de referencia mundial que constituyen una cita ineludible para cualquier visitante de Nueva York.

Junto a estos cuatro grandes museos cabría citar un buen número de espacios que pueden complementarlos sirviendo de ampliación de los gustos de cada cual, así como un buen número de galerías y colecciones que permiten alargar de manera inimaginable las posibilidades de asistir a exposiciones tanto permanentes como temporales de indudable interés. De hecho la parte adyacente a la Quinta Avenida paralela a Central Park recibe el nombre de Museum Mile, la Milla de los Museos, por la gran concentración de espacios de este tipo que allí se ubican.

Museo Historia Natural

Museo de Historia Natural de Nueva York

De hecho comenzamos por esta zona nuestra visita no sin antes recordar que, como ya apuntamos cuando describimos las posibilidades de conocer Central Park,  el hecho de disponer casi de forma radial de los mencionados cuatro grandes museos permite complementar ambas visitas, alternando espacio abierto, conocimiento intelectual y experiencia natural, al gusto del consumidor.

La Milla de los Museos gravita entre el Metropolitan Museum of Art, el célebre Met, y el reconocible edificio obra del gran Frank Lloyd Wright en forma de espiral de la sede neoyorquina del Museo Guggenheim (con “sucursales” en Venecia y Bilbao) destinado esencialmente a pintura y escultura moderna, aunque la mera visita al edificio ya merece la pena.

El Metropolitan ofrece una de las colecciones de pintura más importantes del mundo, por supuesto no a la altura del Louvre, El Prado, la National Gallery o la Galería de la Academia de Florencia pero si en puestos inmediatamente cercanos a estos si existiese algún tipo de clasificación para estos templos del Arte. Velázquez, Picasso, Rembrandt, El Greco… quizá uno de los grandes atractivos del Met sea que en su enormidad espacial ofrece algo que sólo otros dos grandes museos de todo el mundo consiguen: un completo repaso por buena parte de la Historia Universal.

Y es que las manifestaciones artísticas aquí contenidas nos permiten deambular frente al templo egipcio de Dendur, rescatado piedra a piedra de la presa de Assuán, y que albergado en el interior del ala norte del museo ofrece espectaculares vistas a Central Park mediante una inmensa cristalera de varios pisos de altura… o medir nuestra insignificancia frente a inmensos lienzos de heroicas gestas como “Washington cruzando el Delaware“, majestuoso testimonio de momentos determinantes para una nación joven, mientras que alrededor otros cuadros de menor tamaño pero de singular belleza nos permiten asomarnos a los paisajes de un subcontinente sinónimo de aventura.

Remotas civilizaciones, singulares culturas y variadas manifestaciones artísticas y culturales se organizan por épocas, localizaciones geográficas y periodos históricos de manera que cada visitante pueda (imposible asimilarlo todo en una única jornada) establecer uno o varios itinerarios de su agrado aunque recomendaremos uno en concreto.

Justo frente al atrio de acceso principal, antes de las escaleras de subida a la primera planta a mano izquierda, podemos recorrer una parte del Arte arquitectónico español: el patio renacentista del castillo del Marqués de los Vélez, ubicado en la localidad granadina de Vélez Blanco. Desmontado en su día piedra a piedra, transportado a Nueva York y reconstruido de nuevo en el interior del museo, sirve de excelente marco para el área dedicada tanto a ese periodo histórico español como a las diversas artes que aquí se cultivaron, como la orfebrería o la imaginería.

Asia, Oceanía, el Antiguo Egipto, armas, grabados… el icónico “La ola de Kanagawa”, obras de Van Gogh, mobiliario o violines Stradivarius… todo parece tener cabida en un museo que se desborda a sí mismo y por ello goza de una segunda sede en el norte de la isla denominado The Cloisters (Los Claustros) debido a que toma su configuración de este tipo de edificios integrando elementos provenientes de claustros medievales europeos, entre ellos la iglesia románica de Fuentidueña.

Salimos del Met y tras haber visitado el Guggenheim nos queda buscar en la zona algún otro museo o galería de las muchas que existen como el Cooper-Hewitt de Diseño (asociado a los museos del instituto Smithsoniano) o el Museo Whitney, dedicado al Arte estadounidense del S. XX (Hopper, Warhol…) o la colección Frick que se decanta por los grandes nombres de la pintura europea (Goya, Velázquez, Tiziano, Vermeer…), la Neue Gallerie (arte alemán)…

Museo Metropolitano de Arte

Museo Metropolitano de Arte de Nueva York

Continuando con nuestra ruta pasaríamos de largo la tienda Apple y la mayor tienda de juguetes del mundo, FAO Schwartz en el cruce de la Quinta Avenida con la calle 59, y llegaríamos al MoMA, el Museo de Arte Moderno de la ciudad, centrado en el Arte Moderno y donde además de exposiciones temporales de vanguardia podemos encontrar obras de Rodin, Matisse, Mondrian, Kandinsky o Picasso, así como una interesantísima colección dedicada al museo.

La noche estrellada” de Van Gogh, “Las señoritas de Avignon” de Picasso o “La persistencia de la memoria” de Dalí son sólo algunos de los ejemplos de obras que nos sorprenderán en este museo.

Como curiosidad, si en la gran mayoría de los museos merece la pena acercarse a la tienda del mismo en este caso es cita obligada por la gran cantidad de objetos fruto del más imaginativo de los diseños que ofrecerá al visitante.

Completamos la vuelta a Central Park ascendiendo más allá de Columbus Circle y accedemos al otro gran museo que flanquea el parque:  el Museo de Historia Natural. Minerales sorprendentes, meteoritos del tamaño de un coche, insectos, plantas, pájaros y animales de todo tipo, esqueletos de dinosaurios capaces de poner los pelos de punta, con Tyrannosaurus Rex de tamaños imposibles.

De una minuciosidad asombrosa son las múltiples recreaciones de hábitats de incontables especies que, a modo de dioramas cuidados hasta lo más mínimo, nos transportan por todos los continentes permitiendo ver gracias al talento de los mejores taxidermistas tras mundiales, como transcurre la vida cotidiana de una variedad enorme de animales de todo tipo de procedencias.

Como complemento no podemos pasar por alto la visita al Planetario Hayden, anejo al Museo de Historia Natural. Más allá de la espectacularidad del propio planetario resulta tan educativo como filosófico recorrer el perímetro de la enorme cúpula de proyección del mismo, epicentro arquitectónico reconocible de manera icónica del planetario, donde se ha instalado un recorrido que va mostrando la escala de tamaño tanto hacia lo microscópico como hacia lo astronómico, permitiendo tomar conciencia tanto de la escala atómica de la materia como de la escala sideral del Universo. A través de relieves, gráficos y fotografías se nos lleva por un recorrido en base a las potencias de 10 que nos permite tomar conciencia de lo que supone el concepto “escala humana“.

Con todo lo que cada uno de estos museos tiene que ofrecer resulta indispensable conocer de antemano lo que hay en cada uno que pueda ser de nuestro interés para poder planificar adecuadamente la visita al (o los) elegido/s. Conviene con la debida anticipación (incluso antes de emprender el viaje) acceder a guías o a las propias páginas webs de los museos para conocer con detalle la ubicación de lo que deseemos ver. Si esto es siempre recomendable lo es incluso más en el caso de que pretendamos visitar uno o más de uno de estos cuatro grandes museos y alguno de sus “satélites”.

Dos consejos sirven para cerrar este somero y a la fuerza superficial e incompleto repaso por los grandes museos de Nueva York:
  1. Si se planea visitar varios en un corto espacio de tiempo puede ser recomendable adquirir el llamado New York Pass, un pase que permite entrar a varios museos con una única entrada.
  2. También es conveniente repasar en la web de cada museo sus horarios puesto que además de que algunos cierran los lunes otros tienen unos horarios (y días) de apertura al público de lo más peculiar. También los hay que a partir de una determinada hora permiten el paso de manera gratuita, o los que no permiten el acceso a menores de 10 años y hay días y horas (las próximas al momento de cierre) en que se permite el acceso gratuito a todo el mundo,

Finalmente y en cuanto al precio de las entradas, muchos permiten el acceso a cambio de un donativo simbólico por el que el visitante se convierte en benefactor del museo y por tanto tiene derecho a ENTRAR al mismo. Esto nos exime de pagar una entrada de, por ejemplo, $25, si consideramos que pagando $5 estamos colaborando al sostenimiento del museo.

Dejamos fuera otros museos pero no sin antes recomendar un vistazo a cualquier guía sobre el particular que nos desvelará la gran cantidad de los mismos que hay en esta ciudad donde no sólo hay rascacielos.

antoniorenteroNYC

Por Antonio Rentero

Redactor de Inquirer, Director y presentador del programa “El hombre dos punto cero” en RomMurcia.

Crítico de cine en Onda Regional Murcia, La Opinión TV y Onda Cero

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