Aunque me dedico al mundo de la alimentación y la nutrición desde varios ámbitos, puede parecer extraño, pero no me gustan las dietas y pienso, sinceramente, que hacen mas mal que bien, en muchos casos.

Evidentemente, no me refiero a la dietoterapia, disciplina científica muy eficaz para complementar otros tratamientos médicos, o incluso, a veces como único tratamiento contra enfermedades diversas, sobre todo en pacientes hospitalizados en centros de agudos o de larga estancia. Me refiero a las dietas con el objetivo de comer sano, para perder peso o incluso para corregir alguna ligera colesterolemia o algún índice glucémico un poco alto. Que, quien más y quien menos, todo el mundo ha practicado alguna vez.

A menudo, mucha gente come lo que le apetece, sin tener en cuenta ningún orden alimentario, y cuando en una revisión médica o por alguna sintomatología le detectan alguna pequeña alteración, fruto de “la mala vida“, inmediatamente se decantan por seguir complicadas dietas estrictas, calculadas milimétricamente, para que tengan las calorías perfectas, la combinación adecuada de macro y micronutrientes, donde les dicen qué es lo que deben comer cada día, con qué gramaje, con qué cocción, la hora que deben hacerlo y cada vez más, vigilando el origen de este alimento.

Evidentemente, este tipo de instrucciones y restricciones se pueden llevar a cabo durante un periodo de tiempo relativamente corto, días, alguna semana siendo muy optimista.

¿Y después?

Después volvemos a los hábitos anteriores que nos llevarán en poco tiempo a los mismos problemas que creímos solucionados sin haber avanzado ni aprendido casi nada. Eso sí, con una nueva sensación de fracaso en el bolsillo.

Es evidente que somos seres de extremos. O todo o nada. O te quiero o te odio. O te respeto o t’incordio. ¿Porque nos cuesta tanto encontrar un punto medio?

Disfrutemos de “comidas placer” pero a la hora cuidemos nuestra salud, y para poder hacer eso, tenemos que hacer necesariamente un aprendizaje para poder tomar decisiones acertadas en nuestras rutinas. Y es que tomamos muchísimas decisiones diariamente respecto a nuestros hábitos. Dulce o salado, frito o a la plancha, agua o cerveza, yogur o fruta, leer o caminar …

Por eso es tan importante no ser tan cuadriculado y empezar a trabajar un cambio de hábitos secuencial donde debemos tener poder de decisión en la elección de los platos, cocciones, sin necesidad de pesar todo y disponer de “comidas placer” que nos permitan disfrutar de la comida, y al mismo tiempo nos permitan un “break” para poder seguir con nuestros buenos hábitos.

Esto lo hacen muy bien los “Personal Shoppers. Ellos no te dicen lo que tienes que poner cada día, como lo tienes que lavar y como has de planchar. Ellos simplemente te asesoran en las combinaciones que mejor te sientan, el resto dapende ti.

Los dietistas en realidad, no somos máquinas cuentacalorías. Somos “Coach nutricionales” o sea, “Personal Shoppers” de  los hábitos saludables, donde lo más importante sin duda, es comer adecuadamente.

El peso deseado en 11 pasos de Joan Majo Merino

El peso deseado en 11 pasos de Joan Majo Merino

#Joan Majo

Joan Majó Merino

Nutricionista  @majo_joan.

Autor del libro «El peso deseado en 11 pasos»

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