El rey Felipe VI nació en la misma época que miles de personas con buenos currículos académicos y mejores oportunidades laborales. Cinco isleños relatan los acontecimientos que han marcado sus vida

M. Elena Vallés. Vinieron al mundo en las postrimerías del franquismo, tras el ´baby boom´, con EE UU atascado en Vietnam y Francia revolucionada en el mes de mayo. El rey Felipe VI nació en la misma época que miles de personas con buenos currículos académicos y mejores oportunidades laborales. Cinco isleños relatan los acontecimientos que han marcado sus vidas.

Albert Tubau 46 años. Ginecólogo

“Somos como el hermano pequeño que se ha ido encontrando con el camino hecho por el hermano mayor” El perfil de Albert Tubau es el habitual de quienes vuelcan su vida en su profesión; en su caso, la de médico. Es especialista en Ginecología y Obstetricia en el hospital Son Llàtzer desde que abrió sus puertas en 2001. Su campo, el control del embarazo y el parto. Nacido en Barcelona, comenzó su formación en un colegio no religioso de su barrio, Les Corts de Barcelona. “Era una escuela mixta. El claustro estaba formado tanto por profesores que venían más de una formación franquista como por otros más progresistas”, evoca. “Luego pasé a un instituto público de la zona”. Estudiante también en el Conservatorio de Música, recuerda el 23-F: “Me llamó la atención porque, estando en clase, me vinieron a buscar mis padres. Y no me ocultaron nada. Estuvieron pendientes de la radio –”nuestros padres son la generación de la radio, nosotros la de la tele”–, con cierto miedo por lo que podía suceder”, rememora.

Nacer al lado del campo del Barça le predispuso en sus gustos futbolísticos. Aunque también leía libros desde muy pequeño, por influencia de su abuelo. “Pero yo no era de Los Cinco de Blyton, prefería los clásicos como Alejandro Dumas o Víctor Hugo”, detalla. Como todos los niños, tampoco se perdía La abeja maya o Mazinger Z.

Reconoce que la Movida de los ochenta no impregnó su biografía. “Me dediqué a la música clásica. No soy el prototipo en este sentido”, asegura. “De todos modos, lo que sí recuerdo es que podías relacionarte con un punk, un heavy, etc. Podías tener amigos de todos los estilos. Por eso creo que fue un hito importante socialmente: empezamos a tolerarnos los unos a los otros”, sostiene.

En sus años universitarios –estudió en la Facultad de Medicina en la Universitat de Barcelona–, alboreaba la recuperación del catalán en el ámbito académico. “Empezaba a haber asignaturas sólo en catalán”. Un tema, el de la lengua, en el que el médico reclama medida y equilibrio: “Fue terrible la prohibición del catalán en determinadas épocas, pero parece que podemos llegar al extremo opuesto”, advierte. El barcelonés se especializó en Ginecología y Obstetricia. Obtuvo la plaza de Médico Interno Residente (MIR) en Mallorca. “Me facilitó la llegada a la isla la cercanía a Barcelona y que tenía familia aquí”. El aterrizaje se produjo en el 93, en la época dorada de Marivent, unos años que vivió “bastante encerrado” en el hospital. “Aunque sí recuerdo el despliegue policial en los alrededores de Son Dureta y Génova”. Su trabajo está íntimamente ligado a la reproducción de la mujer y las políticas vinculadas que se han ido aplicando en el país. “No he vivido en primera persona como profesional todos los cambios. Por ejemplo, la primera ley del aborto, la del 85, que fue aperturista y supuso un importante cambio social en el país”, indica. Un giro radical habida cuenta de que hasta la fecha la interrupción voluntaria del embarazo era un delito. En cambio, Tubau sí vivió desde la profesión la nueva ley del aborto, “absolutamente permisiva”, aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que es la que aún está vigente. “Estamos a la espera de qué va a suceder con la nueva legislación del Ejecutivo que, por lo que parece, va a dar un paso atrás. Se prevé que en algunas situaciones de embarazos muy difíciles el aborto va a dejar de ser legal. Está por ver cómo se va a tener que pro

Fina Cardona 44 años. Camarera

“Las mujeres de nuestra edad ya han podido ser madres solteras o separadas”

“De pequeña, iba a buscar caracoles en uno de estos solares de La Vileta, o jugaba a la comba y al elástico. Ahora no los ves en la calle. Mi hijo está todo el día con el móvil o el ordenador”, exclama Fina Cardona, quien se asoma a los 45 años contenta y satisfecha por su trabajo en el campo de bares y restauración, al que le ha dedicado más de 20 años. Actualmente y desde los últimos ocho, es camarera en el Grupotel Taurus Park, en la Playa de Palma, donde se declara “feliz” y con una estupenda relación con los clientes. “Cuando empecé, no había demasiadas mujeres en mi área, pero ahora ya sí. La profesión también ha evolucionado”, refiere.

“Imagínate, cuando mi padre hacía horas extra en Son Amar después de trabajar en una farmacia allí sólo servían hombres. Yo debía tener 18 años cuando le consulté si era posible ir con él”, comenta.

Fina ha sido testigo directo de los cambios que se han ido gestando en su profesión. A finales de los ochenta, cuando empezó, menudeaba la isla un tipo de turismo diferente. Acaso más pudiente. “Salir de viaje y de vacaciones aún no se había popularizado tanto, no estaba al alcance de todo los extranjeros. Lo de los vuelos low cost y todo eso vino después”, asegura. El servicio también ha ido variando. “Al principio servíamos siempre en mesa, a la carta, ahora también lo hacemos, claro, lo que sucedía es que apenas había bufets libres de autoservicio”.

Tras la EGB, su primer empleo fue en la histórica papelería Hilario, donde permaneció ocho años. Pronto se pasó al servicio de caterings. “He estado sirviendo por toda la isla y en buenos sitios: en Son Vida, en Ses Maioles, Can Pedro, etc”. Los años noventa, “sobre todo la época de Aznar, fueron muy buenos”.

Unos años que coinciden con el esplendor de Marivent en la isla y la atracción que ejercía para las visitas de famosos, con quienes Fina también ha coincidido en múltiples ocasiones. “He servido al padre del Rey, don Juan de Borbón, durante la inauguración de la galería Horrach Moyà [en 1988] en la calle Catalunya”, rememora. Y a muchos más: al barón y la baronesa Thyssen, a Andrés Pajares, a Chiquetete y a Martín Pareja Obregón (en el restaurante Sa Roqueta del Portixol, donde también ha trabajado), al pianista Felipe Campuzano o al pintor jerezano Paco Toro. “Me hubiera gustado servir al Rey, pero no ha podido ser. Al menos pude llegar hasta su padre y sus amigos”, confiesa. El compromiso cada vez mayor con su trabajo le impulsó a estudiar Dirección y Gestión de Bares y Restaurantes en la Universitat de les Illes Balears, donde destacó en la asignatura de Protocolo. “Creo que la gente de mi generación está bien preparada en general. Está más educada y acostumbrada a compartir. Y ha tenido la gran suerte de poder desarrollar una profesión”, asevera. “Eso sí, ahora estamos viviendo el desencanto”.

Fina vivió también la crisis del 92, “pero no tuvo nada que ver con ésta, en la que gente que está muy preparada no tiene trabajo”, comenta. “Le ha sucedido a mi hermano, que es auxiliar de Farmacia, aunque ahora, gracia a Dios, ha encontrado un empleo”.

Casada y madre de un adolescente de 13 años, explica que las mujeres de su generación ya han tenido hijos en la treintena. “Mi madre me tuvo con diez menos. Además, muchas de mi edad son ahora madres solteras y no pasa nada. Antes te obligaban a casarte si te quedabas embarazada”.

Advierte esta camarera de 44 años que no le agrada hablar de política. “Nunca he ido a una manifestación. Pero sí me gusta el rey Felipe VI . Le veo encantador y un chico moderno. A Letizia menos, parece que tiene un carácter difícil”, observa. Comedida, no ve necesario de momento un cambio en la forma política del Estado. “Si no molesta y funciona la monarquía, no entiendo por qué habría que cambiar”, refiere. “Para mí, lo importante es que las cosas se hagan bien, sea el régimen político [siempre democrático, precisa] que sea”.

El poco tiempo libre del que dispone Fina lo dedica al campo, a una finca rústica que posee en Porreres. El contacto con la tierra le devuelve a esa búsqueda de caracoles de cuando era niña, a unos tiempos acaso más felices.

Paco Espinosa 45 años. Funcionario y artista

“Estamos preparados, pero el cambio social se debe liderar de manera intergeneracional”

“Vine al mundo en febrero del 69, así que soy, literalmente, hijo de Mayo del 68”, confiesa el artista Paco Espinosa. “Soy de la generación que ya se crió en un ambiente de libertad y alegría”. “Fui al colegio La Salle. Por entonces, nos conocíamos todos por el apellido. Fue un periodo tranquilo. Yo era muy buen estudiante, era tímido y me portaba bien”, explica. “Vista con cierta distancia, recibimos buena educación, pero creo que era un sistema demasiado focalizado en empollar. Entrenabas poco el pensamiento crítico y reflexivo”, asevera. “Mi escolarización fue toda en castellano y no nos mezclaron con las niñas hasta sexto de EGB. Por otra parte, no vi ningún tipo de cariño hacia la lengua propia, el catalán”, evoca Espinosa, que actualmente es funcionario de carrera en la conselleria de Educación del Govern y presidente de la Associació d´Artistes Visuals de les Illes Balears. Como a muchos jóvenes, el COU se le atragantó, pero no por incapacidad. “Me obstiné en que no quería estudiar y me tomé un año sabático. Me fui a trabajar de camarero”, relata. Al año siguiente, retomó los estudios para entrar en Económicas en la UIB.

En Espinosa ya no queda rastro físico de aquel joven postpunk de los ochenta. “Fue una época divertidísima. Recuerdo que las tribus urbanas eran muy marcadas y cada una de ellas iba vestida de una manera muy determinada y escuchaba un tipo de música específico. A mí me gustaba The Cure”, reconoce. “Iba con una pandilla muy grande y por desgracia perdimos a alguno por el camino a causa de las drogas”.

Los noventa, con la universidad, fueron años más tranquilos. “Aunque lo empezamos con una crisis económica también compleja. Por aquella época, apenas había activismo en la UIB. Recuerdo alguna manifestación, pero poca cosa”, comenta. El activismo le llegó a Espinosa después.

La pintura, confiesa, siempre le ha acompañado. Con doce años recibía clases del artista Juan Gallardo. “Cuando empecé Económicas también me matriculé en primero de Ilustración. Hacía los dos cursos a la vez”, comenta. Tras probar como economista, Espinosa, actualmente casado y con dos hijas, pensó en conseguir un empleo en el que poder disponer de un horario cómodo para poder dedicarse también al arte. “Me presentaba a todos los certámenes para darme a conocer”. “El trabajo de los artistas de mi generación, la de después de Ramon Canet o María Carbonero, se visualizó en la exposición Exit, comisariada por Neus Cortés en el Casal Balaguer”, rememora. Artista de Altair, la suya es la generación que vivió los mejores años de ARCO. “También hubo un capitalismo cultural. Poco a poco, me fui dando cuenta de que todo ese engranaje cultural y artístico tampoco funcionaba bien”, indica. Su postura crítica le condujo, por parte de sus compañeros artistas, quienes le votaron, a la presidencia de la AAVIB, asociación a la que había pertenecido desde los albores.

Sobre Felipe VI, el artista lo tiene bastante claro. “Lo habrán preparado, de acuerdo, pero para mí la cuestión es que se debe de contar con la ciudadanía para valorar si apoyamos el sistema político de la monarquía u otro. Ya que somos una generación preparada, ¿verdad?, creo que tenemos capacidad de decidir por nosotros mismos. Yo creo que no hay que imponer nada”, comenta. En cuanto a su propia generación, sí la define como abierta y preparada, “pero si ha de haber un cambio social creo que éste debe protagonizarse intergeneracionalmente, entre todos”, concluye.

Maria de la Pau Janer 48 años. Escritora

“Tuvimos suerte con el trabajo porque todo el país estaba por construir”

“Nací en Palma, en la clínica, y soy la mayor de cuatro hermanos”. La escritora Maria de la Pau Janer, de 48 años, relata que sus padres la concibieron siendo muy jóvenes, con 24 y 25. “Las parejas de antes no se lo pensaban tanto”, considera. “Las de mi generación, que ya hemos priorizado los estudios y la formación, hemos aplazado la edad de procrear”, asegura.

La autora de Les dones que hi ha en mi estudió en el colegio Pedro Poveda. “Por aquella época, era un centro en el que ya le daban mucha importancia a la pedagogía. Tuve muy buenos profesores. Recuerdo en especial a una, la de Literatura. Se llamaba Rosalía Conde. Además del ambiente familiar, ella influyó mucho en mi decisión de estudiar y dedicarme a las letras”, relata Janer. Tras la EGB, la escritora conoció un Instituto Ramon Llull vigoroso. “Funcionaba muy bien. Coincidí con un grupo inquieto. Con gente que después ha destacado, como los escritores Andreu Ribas, que fue Premi Ciutat de Palma, Margalida Pons, ahora profesora de la UIB, o Emili Manzano”, refiere.

Janer aporta una reflexión acerca de la cultura escrita recibida por los de su generación. “Los de mi edad nos hemos formado con la escritura a mano, pero la aparición de las nuevas tecnologías ha aterrizado en nuestras vidas cuando aún éramos jóvenes”, asegura. La autora ejemplifica con su propia experiencia: su primera novela la escribió a mano con 17 años. La segunda, con el ordenador. “Creo que éste ha sido un cambio muy fuerte. Nos educamos enviando cartas a los amigos y a los novios. No había móviles ni mail. Haber conocido esta cultura y la nueva digital nos ha permitido coger lo bueno de cada una de ellas y combinarlas”, refiere. “Yo sigo corrigiendo mis novelas sobre papel. Y también leo en este formato. Me gusta la compañía física de los libros”.

No es difícil adivinar que una de las aficiones principales de Janer ha sido desde siempre la lectura. “De niña leía todo lo de Enid Blyton, Agatha Christie, Jules Verne. Mi generación fue la que también leyó en la adolescencia las grandes obras del XIX, como Anna Karénina o Madame Bovary”, apunta. “Los adolescentes de ahora leen otras cosas”, asegura. La escritora también se volcó en el deleite de la música de la Movida. “Me gustaban mucho Gabinete Caligari, Loquillo, Alaska, La Unión, y su Lobo Hombre en París. Pero también grandes cantautores catalanes como Lluís Llach o la mallorquina Maria del Mar Bonet”, enumera.

Otras cuestiones que marcaron a la quinta de Janer fueron el ingreso en la UE y el auge del catalanismo. “Ahora estamos retrocediendo con la lengua. Volvemos a vivir situaciones que pensaba que estaban superadas. Recuperar la lengua de nuevo y poder utilizarla en el ámbito escrito fue una conquista enorme”, explica.

La autora estudió Filología Catalana en la UIB. “La acabé con Premio Extraordinario. Y ya me quedé allí trabajando de profesora”, indica. “En este sentido, creo que los de mi generación tuvimos más oportunidades con los trabajos porque todo el país estaba por construir”.

De espíritu más republicano que monárquico, confiesa, “no acabo de entender el derecho de sangre”. Sin embargo, cree que “una república ha de tener un buen presidente y no sé si con los políticos que tenemos tendríamos un buen candidato”, comenta. En este sentido, considera que Felipe VI está preparado. “Para mí, no es mala idea que sea rey ahora porque no estamos viviendo un momento estable en el país y no veo a políticos preparados para ser presidente de la República. Artur Mas sería el único con la talla suficiente”, considera.

Esteban Mercer 46 años. Cronista social

“Hemos sido precoces: a lo alto llegamos deprisa y ahora nos hemos dado el batacazo”

La biografía de Esteban Mercer ha transcurrido paralela a la del rey Felipe VI. “Me lo he ido encontrando en cada etapa de mi vida. Desde niño a adulto”, confiesa el cronista social de DIARIO de MALLORCA.

La primera etapa de su vida aconteció tranquila en su pueblo natal, Pollença. “Del colegio, recuerdo a las Monjas de la Caridad. Después, sé que tenía que ir a Montesión pero no quise y terminé en la escuela pública Les Mestres, que era donde iban los modernos y trabajaban ya los profesores de izquierdas. Allí recibimos una educación laica. Ya se palpaba otro ambiente”, recuerda. “Se empezó a valorar la creatividad con la incorporación de algunas materias como teatro o cerámica. Me gustaba mucho la asignatura de redacción, que fue donde me enseñaron a escribir. Aún me acuerdo de su profesor, Don Carlos”, apunta. Pese a contar con sólo ocho años, se le quedó grabada la muerte de Franco. “El director del colegio Ramón Rebassa vino a clase para decirnos que íbamos a tener una semana de vacaciones”. “También me acuerdo de la proclamación de los Reyes. Fuimos a verla al bar Oasis del pueblo, donde tenían una de las primeras televisiones en color. Recuerdo que mi madre dijo que no le gustaba nada como iba vestida doña Sofía”, relata. Los domingos, día de tebeo y sesión doble en los cines, eran sus días preferidos durante la infancia. “El aperturismo del país –relata– también hizo acto de presencia en los kioscos”, comenta el periodista. “Recuerdo que, de pronto, las revistas eróticas inundaron las estanterías”. “De verdad que fuimos una generación precoz. Nos tuvimos que hacer adultos muy deprisa porque tuvimos que construir la democracia. Todo era nuevo”, comenta.

Las coincidencias con el Príncipe Felipe se originaron en los campamentos de verano en Lluc. “Era uno más entre todos los chicos. Por eso me llama la atención que con la prensa siempre haya sido distante”. En los años ochenta, el cronista era un habitual de Gomila y del esplendoroso Minims. Allí también vio en varias ocasiones a don Felipe. “Por entonces, yo era modernísimo, llevaba un tupé enorme y mi look era muy Peor Impossible. Claro, acababa de estar en Londres y regresé con el chip cambiado”, confiesa. Pero no todo fueron luces. Mercer evoca también el lado oscuro de los ochenta. “Hubo un boom de las drogas y la heroína. Yo creo que fue para tener anestesiada a toda una generación. Muchos conocidos murieron enganchados y después llegó el sida, que también nos marcó mucho”.

Después del instituto y con tan sólo 17 años, el periodista se plantó en Barcelona para estudiar Diseño de Moda. “Creo que fui el primer mallorquín que cursó esta carrera. Era increíblemente exótico para un hombre. En aquel entonces, también trabajaba de modelo”, relata. Esta época fue, según Mercer, la que marcó el nacimiento de las marcas. “Y empezaron a notarse las diferencias entre las clases sociales”. Después de las Olimpiadas del 92, “un acontecimiento que nos situó en el mapa mundial, un momento en que nuestros deportistas empezaron a despuntar, como el país, con la icónica imagen de Felipe portando la bandera”, el cronista se marchó a Madrid a trabajar. “Allí coincidí con la época del pelotazo y la beautiful people. Yo también llevaba gomina como Mario Conde. Era cuando se bailaban sevillanas por todo, hasta en las discotecas”, narra. “Cuando Aznar derrotó a Felipe González hubo como un cambio de era en el país. Mallorca también vivió su esplendor social: fue cuando llegó a la isla Cristina Macaya, que lo revolucionó todo. Y la Familia Real vivía con naturalidad los veranos mallorquines. También fue la época de las primera novias del Príncipe”, evoca.

Mercer, que empezó en el periodismo como colaborador en Radio Barcelona, enumera otros acontecimientos que marcaron a su generación: el asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA, la muerte de Lady Di, las manifestaciones contra la Guerra de Irak, las ministras de Zapatero, la ley de matrimonios gais o el extremado culto al cuerpo, con la cirugía estética como protagonista. Por último, según el periodista, Felipe VI va a ser un buen rey. En cuanto a Letizia, “tengo dudas”. Sobre su generación, concede un análisis más: “Somos los que hemos subido hasta arriba muy deprisa y ahora nos hemos dado el batacazo”.

Artículo extraído de www.eldiariodemaryorca.es 

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