Los flujos comunicativos tienen muchos elementos de interés y de incidencia, como ya hemos contado en otras ocasiones, pero insistamos en que la dimensión de cada día, la que captamos, y la que llevamos en el interior, se percibe a través de los ojos. La mirada, siempre lo he dicho, es lo que más comunica en un ser humano. En los ojos de quien nos cuenta algo, o de quien calla, encontramos mucha información: advertimos su forma de ser, si cree en lo que dice, si está cansado, si es leal, si siente lo que expresa, etc.

Suelo bromear un poco con mis alumnos cuando les recuerdo ese estribillo de una canción popular que decía algo así: “cabeza loca, cabeza loca, que lo que me dicen tus ojos, me lo desmiente tu boca”. Efectivamente, los ojos, la mirada, nos indican mucho de y sobre una persona. Por eso, cuando oralmente señalamos algo en lo que no tenemos mucha confianza se nos nota en los ojos, que no tienen la suficiente expresividad, o bien tratan de esconderse, o brindan la mirada perdida…

 Cuando estudiamos la “kinesia”, el llamado lenguaje gestual, siempre hacemos hincapié en el rostro, en lo que éste puede expresar, y, en ese marco, esto es, en la faz de cada cual, lo que descuella son los ojos, que sacan a la luz (nunca mejor dicho) lo que llevamos dentro. Si uno es tímido, o antipático, o alegre, se le nota, a menudo, casi siempre, en los ojos, en lo que éstos son capaces de transmitir.

 Por eso en esta etapa nuestra de tantas premuras, de tantas llamadas de teléfono, o de comunicaciones por Internet, hemos renunciado, en exceso, a lo que supone el mirarnos cara a cara y que alguien nos cuente sus impresiones o nos venda algo, o nos consulte sus dudas, lo que fuere… Esta cercanía, también a través de los ojos, es fundamental para el tipo de relaciones que antes se daban y que ahora conviene recuperar, o, cuando menos, refrescar. La intensidad de los ojos no es superada por la voz (puede que en contadas ocasiones sí lo haga, pero en contadas), y, por ende, hemos de demandar su contemplación cada vez que se pueda.

Defendamos la visualización cara a cara, que es la primera, dice la canción, y así podremos significarnos cuáles son nuestros sentimientos e idearios. Seguro que nos demostraremos más cosas de lo que en principio podamos pensar, en el caso de que nos hayamos acostumbrado a las prisas tecnológicas, que, por otro lado, tampoco podemos ni debemos descartar (de lo que se trata es de sacar partido a cuanto tenemos del mejor modo posible). En la vida gestamos muchos hábitos, unos mejores y otros peores. El de la comunicación presencial, aunque sea para contarnos cosas triviales, es fundamental para recuperar algunas esencias que nos insuflan paz y sosiego en un mundo demasiado golpeado por la celeridad para resolver coyunturas que, en demasiadas ocasiones, quedan para mañana. Miremos por favor. Hallaremos más de lo que se advierte con los típicos tópicos. No olvidemos que saber de los demás es conocernos también a nosotros mismos. Y tanto.

Juan Tomás Frutos

Juan Tomás Frutos. Periodista.

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