Se acerca el mes de Noviembre, las despensas atesoran las diversas mermeladas que hemos ido preparando a lo largo del verano, el dulce de membrillo está oportunamente guardado, el arrope en los fogones, los escaparates llenos de disfraces para la fiesta de Halloween. Pero yo no puedo llegar a estos días sin probar los buñuelos, dulce por excelencia de la fiesta de Todos los Santos o de los muertos.

Unos piensan que la palabra procede de «puñuelo», una pequeña bola que los romanos amasaban con sus puños, otros nos dirán que no, que su origen es la palabra francesa «beignet». No soy filóloga por lo que no podría apostar por ninguna de ellas. Aunque si nos sirve de pista, las primeras recetas que he encontrado de una preparación que nos haga pensar en los buñuelos es en el recetario del Andalusí-Murciano Ibn Razzin Tujibi, siglo XIII; también aparecen en el Livre de Sent soví, manuscrito anónimo de origen catalán y contemporáneo del anterior… Y si seguimos buceando nos encontramos con otra preciosa historia, esta de tradición oral, que nos cuenta lo siguiente:

«Todo apunta a que el origen de la receta es árabe. Se cree que surgieron en Almogía, un pueblo de Málaga, en el año 1090, cuando el rey sevillano Mohamed ben Abad Al Motamid cercó la fortaleza de la ciudad. Viendo que escaseaban tanto la comida como la leña que usaban para los hornos, un panadero llamado Abdelaziz ben Drisi el Jabazún hizo recuento de vituallas y decidió preparar unas tortitas de masa de agua y harina; luego las subió a lo alto del castillo y las metió en los calderos de aceite hirviendo que se usaban para arrojarlos a los asaltantes. Así surgieron los buñuelos de viento».

Ahora dejemos la historia y metámonos en harina.

RECETA

Ingredientes:

  • 50 g de mantequilla o manteca de cerdo.
  • 25 g de azúcar.
  • 4 huevos.
  • Una pizca de sal
  • Ralladura de limón.
  • Un vaso de agua
  • Un vaso de harina. 

ELABORACIÓN.

Se ponen en un cazo en el fuego la mantequilla o manteca, el azúcar, sal y la ralladura. Cuando ha empezado a hervir se le agrega el vaso de harina, se va trabajando hasta que la pasta queda unida y se desprende el cazo. Apartamos del fuego y dejamos enfriar.

A continuación añadimos un huevo, mezclamos y batimos bien hasta integrarlo bien en la masa; hacemos lo mismo con el resto de los huevos pero añadiendo uno a uno. Eso nos dará como consecuencia una masa fina.

En este punto tenemos dos opciones:

  1. En una bandeja de horno cuyo fondo habremos cubierto con papel vegetal vamos poniendo pequeñas porciones (una cucharada de postre aprox) de masa. Horneamos durante unos 8 minutos a 180 grados. Sacamos y espolvoreamos azúcar glas.
  2. Ponemos al fuego una sartén con abundante aceite. Cuando el aceite está templado vamos poniendo porciones de masa, ayudándonos de dos cucharitas o de una manga pastelera. Subimos el fuego y cuando están dorados los sacamos a una rejilla o papel adsorbente para que escurran el aceite sobrante. Por último espolvoreamos con un poco de azúcar y canela.

 En los dos casos, si nos apetece, podemos ponerle un relleno de crema pastelera, nata, chocolate, mermelada… etc.

Los que aparecen en la foto están cocidos en el horno y rellenos de crema.

 Cuando termino de escribir esto son las 17.30, ¿os podéis imaginar lo que pienso hacer en cuanto deje el teclado?

Natividad Aznar. Consultora gastronómica. Escritora.

Natividad Aznar. Consultora gastronómica. Escritora.

 

 

 

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