César Camino es un actor al que la televisión ya se le ha quedado pequeña. Ha pasado por Hospital Central, Agitación + IVA, La que se avecina… Y, sigue en expansión, como el universo. A sus 41 años ya ha dado el salto al cine con “La Fiesta” o “Se quedan a cenar”; al teatro con “Burundanga”, “Una semana, nada mas” y “El nombre”. Pero, no contento con eso, también se pasea por escenarios musicales con “Tupé le Bron”, su grupo de música. Es un actor inquieto, siempre en busca de nuevos retos y, sobre todo, enamorado de lo que hace, de su trabajo.

¿Cómo llego César Camino al mundo de la interpretación?

Con dieciocho años trabajaba en un estudio de diseño gráfico. Estábamos haciendo cartel para la obra «No hay camino al paraíso» y presencié un ensayo en el teatro Alfil de Madrid. En el escenario estaban nada menos que Juan Diego y el director, Jesús Cracio, yo era el único espectador, en un rincón a oscuras, creo que ni siquiera sabían que estaba allí. Me impresionó mucho su manera de trabajar, la pasión con la que discutían y la bronca que montaron porque cada uno entendía de diferente manera una simple frase del texto… me pareció alucinante que alguien se pudieran ganar la vida indicándole a otro con que intención debía decir una frase. Descubrí el concepto de subtexto, que años más tarde estudiaría en la escuela de interpretación. Pensé: Entiendo perfectamente lo que está diciendo el director, al final me voy a tener que subir yo a hacerlo porque el Juan Diego este no tiene ni idea-risas-.

¡Que buena anécdota para los principios!. A ver, has participado en numerosas series de televisión: Agitación +IVA, Impares, Los misterios de Laura, Hospital Central, Frágiles, Bicho Malo, La Tira… eres un rostro muy familiar de la pequeña pantalla, ¿de todas ellas, cual te ha marcado más?

Para mi Hospital Central fue la confirmación de que esto iba en serio y de que había merecido la pena cambiar de profesión. Entrar en una serie con tanta audiencia fue un subidón. Pero lo que recuerdo con más cariño es el personaje de “el Moñas” que hacía en Agitación +IVA, éramos todos novatos y había una energía muy bonita en las grabaciones, he llegado a llorar de la risa con los compañeros. Y luego el reconocimiento de la gente es algo que no se olvida fácilmente, aún me llaman “tío moñas” por la calle.

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Fotografía de Javier Biosca

Y das el salto al teatro, con obras como “Burandanga“; “Una semana, nada más”; y ahora con la adaptación de la película francesa de gran éxito “El Nombre”, bajo la dirección de Gabriel Olivares, con un reparto de actores de auténtico lujo, ¿cómo estás viviendo esta experiencia?

Desde que estrenamos Burundanga estoy viviendo un entrenamiento intensivo sobre las tablas, he descubierto la parte más “artesanal” de la profesión, hay que subir cada tarde y hacer la función una a una, como quién hace una barra de pan o repara el motor de un coche… no hay atajos, hay que currársela entera todos los días. Eso me está dando una disciplina buenísima para cualquier trabajo que venga en el futuro. Además me siento muy integrado en la combinación tan exitosa que forman Pedro Larrañaga como productor y Gabriel Olivares como director, es la tercera obra que hago con ellos y espero que vengas muchas más.

Un obra de teatro que proviene de una película francesa, cuya adaptación se estrenó en París en 2010 y que ha recibido numerosos premios. ¿Adaptáis el humor francés, al humor español?, ¿hay mucha diferencia entre ambos?

Creo que lo más difícil era trasladar a España el motivo por el cual discuten los protagonistas de la función, pero eso lo resolvió fabulosamente Jordi Galcerán, que consiguió adaptar un asunto fonético que en francés tiene mucha gracia pero que en castellano perdía fuelle. Por lo demás la diferencia de humor entre los galos y nosotros no es tanta, creo que todos nos reímos de las mismas miserias. Nuestra labor como actores ha sido más bien un trabajo de escala, trasladar un primer plano cinematográfico a un escenario teatral hace que no puedas trabajar con la sutileza que lo hacían los franceses en la película. Un actor de cine puede contar mucho con tan sólo levantar una ceja, eso en el teatro no vale para nada, al señor que está sentado en la fila 20 no le llega, los brochazos han de ser algo más gruesos.

Precisamente representáis la obra en el Teatro Romea de Murcia el próximo día 6 de febrero. ¿Que vamos a encontrarnos, aparte de a ti y a ese gran electo de actores formado por Amparo Larrañaga, Jorge Bosch, Antonio Molero, Kira Miró que, de por sí, ya es garantía de éxito?

Os vais a encontrar con un espejo, más de uno va a sentir que está en el salón de su casa, con su propia familia y va a verse reflejado en nuestros personajes. Es una situación conocida por todo el mundo: una cena familiar en la que se empieza a discutir por cualquier tontería y se acaban diciendo cosas que llevaban años escondidas. En todas las familias hay un ama de casa agotada, un cuñado graciosete, un padre más centrado en su trabajo que en sus hijos, etc… Es una obra con personajes muy cercanos y reconocibles.

César Camino en la obra de teatro EL NOMBRE.

César Camino en la obra teatral “EL NOMBRE”, junto a Amparo Larrañaga y Antonio Molero

Se te conoce por tu acentuada vis cómica, pero te hemos visto también interpretando papeles dramáticos, ¿dónde te sientes más cómodo?

Me encanta la comedia por la dificultad que implica, tiene algo de alquimia. Como actor cuentas con unos elementos como el ritmo, el gesto, la intensidad… tienes que combinarlos y dar con la dosis adecuada para que el resultado sea una carcajada, si lo consigues eso es oro puro. En una situación cómica no hay términos medios, funciona o no funciona y eso te hace estar siempre alerta y no confiarte como actor. No hay nada tan duro en el escenario como hacer un gag y que no se ría nadie, pero a mi ese estrés me va bien, me hace sentir vivo. Supongo que el drama requiere de otras artes con las que no estoy tan familiarizado, espero ir descubriéndolas poco a poco.

Interpretaste a Jorge, un personaje afectado de Asperger en la serie Frágiles, ¿cómo te preparaste para este papel tan complicado?

Pues con muchísimo respeto, el síndrome no me era para nada desconocido, alguien cercano a mi lo padece y he podido observar su comportamiento muy de cerca. Al principio tuve miedo de mi mismo porque sólo con leer el guión me imaginaba sacando el lado cómico a todo. Gracias a dios los directores de la serie tenían muy claro que estábamos haciendo drama. Existen un montón de tics característicos y maneras extrañas de comportarse dónde elegir pero opté por hacer algo muy neutro y no potenciar los signos más externos de los Asperger. Creo que la historia que estábamos contado era muy potente y no había que emborronarla con una interpretación muy afectada.

También has trabajado en numerosos cortos, incluso has dirigido, ¿qué te parece más complicado, interpretar o dirigir?

Bueno, realmente sólo he dirigido alguna pieza pequeña para Microteatro. Creo que te refieres a un corto que produje: “Se quedan a cenar”, quién lo dirigió fue Carlos Villaverde, codirector de la película “La Fiesta” y gran amigo mío. En aquella época no me sentía capaz de dirigir, le tengo mucho respeto a eso. Me parece infinitamente más difícil hacerse cargo de la dirección de un proyecto que simplemente actuar. Como actor manejas tu voz, tu gesto y poco más, pero un director ha de combinar tantas cosas… aparte de manejar un lenguaje visual y saber transmitir con imágenes hay que hacer que se “lleven bien” los actores, tan distintos unos de otros. Gabriel Olivares lo compara con preparar una ensalada, cada actor somos un ingrediente que tiene que combinar con otro. Hacernos entender que somos parte de un “todo” es la verdadera tarea de un director… ¡casi nada!

Televisión, Teatro, Cortos, Video-clips y, por si fuera poco, formas parte de un duo musical «Tupe Le Bron», ¿de donde te viene esa “vena musical”?

Antes de estudiar interpretación ya tocaba en grupos, tuve mi propia banda con veinte años y lo recuerdo con mucho cariño. El año pasado decidí volver a esos tiempos pero esta vez un poco más en serio. He estado escribiendo unas cuantas canciones y he buscado los músicos adecuados para defenderlas, dónde esté cantar y tocar con una banda de rock que se quite todo lo demás; ¡adrenalina pura!

Tupé Le Bron ¿de que viene?

Juan Carlos Rico (guitarrista del grupo) y yo necesitábamos un nombre y queríamos que sonara extranjero para hacernos los interesantes… un día, en el local de ensayo, recibí un calambrazo y se me levantó el pelo a modo de tupé, Rico casi se muere de la risa. Yo intentaba insultarle mucho, quería llamarle cabrón pero me temblaba todo el cuerpo y sólo me salía le-le-brón!… ¡lebron! de ahí Tupé le Bron.

Tupé Le Bron

Tupé Le Bron

Nosotros lo hemos escuchado y ¡sonáis muy bien! Tenéis ese punto pop muy de nuestra generación, ¿en que música os inspiráis?

La verdad es que Rico y yo tenemos un pasado bastante rockero y eso supongo que sale por algún lado, pero en este proyecto intentamos tirar más hacia un pop bailable. Me encanta cantar en castellano y supongo que eso recuerda a muchas bandas que nos marcaron a los que ahora tenemos cuarenta. ¡Nos han dicho que nos parecemos a La Unión! Jajaja nunca me lo hubiera imaginado. Ahora hay un montón de buenas bandas, que nos encantan e inspiran, dentro de eso que llaman indie como Los Niños Mutantes o El Columpio Asesino, no estaría mal que se nos pegara algo de ellos.

¿Se siente lo mismo sobre las tablas de un escenario de un teatro, que sobre el de un concierto?

Para nada, por lo menos yo no siento lo mismo. Creo que para el público tampoco es lo mismo, ¿no? Una cosa es estar sentadito, viendo una representación teatral, y otra muy distinta es estar pegando saltos con la gente en un concierto dónde apenas oyes tus pensamientos porque el volumen es tan brutal que no existe otra cosa a parte de la música. Mi experiencias más intensas como espectador siempre han estado relacionadas la música en directo.

Tupe Le Bron se puede oír en Spotify, ¿es difícil abrirse camino en el mundo de la música en la actualidad? ¿Ayuda el que seas reconocido por tu faceta de actor?

Supongo que es tan difícil o más que en el mundo de la interpretación. Nosotros estamos empezando y, de momento, lo que más nos apetece es ensayar mucho para tener un buen directo, lo demás llegará si tiene que llegar. Creemos que si este verano podemos dar un par de buenos conciertos habremos cumplido un objetivo. El hecho de que yo sea actor nos está ayudando en las redes sociales para dar a conocer el grupo, parece que la gente siente curiosidad y si eso hace que, más adelante, vengan a vernos tocar, ¡pues fenomenal! Cualquier ayuda nos viene bien si es para que nos escuche más gente.

Tú también perteneces a esta Generación a la que nosotros llamamos Fénix, porque nos tenemos que reinventar constantemente, ¿cuál crees que es la característica que más define a esta generación?

Aunque me duela reconocerlo creo que nos define el consumismo, para los que crecimos en los ochenta vemos de lo más normal cambiar de coche cada cinco años, comprar ropa todos los meses, reventar la visa durante las navidades… el bombardeo constante de publicidad nos ha jodido el cerebro. Yo con veinte años estaba más preocupado por comprarme una moto que por la capa de ozono. No es que reniegue de mi generación, pero creo que los jóvenes ahora empiezan a interesarse por cosas más importantes como el ecologismo, por poner un ejemplo.

Además de la gira con “El Nombre” y “Tupe LeBron”, ¿qué otros proyectos que puedan contarse tienes entre manos?

He terminado de grabar hace nada una temporada de la nueva serie de Antonio Resines para Telecino. Es una comedia un poco en la onda de Aída, con humor costumbrista y muy gamberro. Mi personaje es un chavalote bastante lerdo que tiene un bar y se pasa el día sufriendo por amor. Me lo he pasado en grande trabajando con César Sarachu, Antonio Molero, Mónica Estarreado y unos cuantos más. Espero que se estrene pronto y que guste a la gente.

Y, si me permites, una última pregunta más personal…, ¿fuera de la pantalla y del escenario, cómo es César Camino?

Soy inquieto, no puedo estar mucho tiempo sin hacer nada. Me encanta trabajar, por eso me he buscado una profesión que me llena de verdad. No entiendo eso de separar vida laboral y vida personal… a mí se me junta todo siempre. Mis mejores amigos han sido primero compañeros de trabajo. Para mi vivir es levantar proyectos, y si no tengo algo ronroneando en la cabeza me muero.

Abogada y editora de GFX

Abogada y editora de GFX

 

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