Han pasado seis años desde que se publicó «El tiempo entre costuras», tres desde su última novela «Misión Olvido». María Dueñas vuelve con «La Templanza». Una historia que nos acerca al mundo bodeguero de la segunda mitad del siglo XIX y nos sumerge en un mundo de pasiones, incertidumbres y superación personal.

Un hombre arruinado. Una carambola del destino. Un futuro incierto… Y por delante 526 páginas llenas de glorias, derrotas, intrigas, sentimientos, lugares de esplendor, personajes que se cruzan y el fin de una época. ¿Sería un buen resumen de La Templanza?

Sí, sería una síntesis.

Se dice en la promoción de La Templanza “solo las grandes historias despiertan grandes emociones”. ¿Qué emociones vamos a encontrar en esta novela?

Pasión, incertidumbre, ternura, nostalgia… Muchas y muy diversas.

El negocio bodeguero y las relaciones comerciales entre Inglaterra y España en la segunda mitad del siglo XIX es el trasfondo de La Templanza. ¿Qué es lo que le ha llamado la atención de este mundo para hacerlo protagonista de su novela?

Mi intención inicial fue retornar a ese Jerez espléndido de medianos del siglo XIX lleno de prósperas bodegas –más de 400– y con un bullente comercio internacional centrado sobre todo en la distribución del sherry en Inglaterra. Algunas de aquellas bodegas fueron establecidas con capitales de retorno: el dinero que traían los legendarios indianos que retornaban a la madre patria dispuestos a invertir sus caudales en negocios prometedores, como lo era por entonces el sector vinatero de Jerez. Entre aquellos retornados hubo algunos que levantaron su riqueza en las minas de la plata mexicana, y ése fue el perfil que elegí para mi protagonista, sólo que decidí darle una vuelta de tuerca y creé un personaje, Mauro Larrea, que conserva la fachada y el talante de un acaudalado triunfador procedente de una de las antiguas colonias, pero que en realidad arrastra tras sí una debacle financiera que se esfuerza por esconder.

Foto: Luis Serrano

“Crear a Mauro Larrea, me ha resultado enormemente grato y refrescante”. María Dueñas. Foto: Luis Serrano

Le gusta hacer viajar al lector en el sentido más literal de la palabra. Con Sira Quiroga nos adentramos en el Marruecos español. Blanca Perea fue nuestra guía en California. Y Mauro Larrea nos lleva desde México a Jerez de la Frontera, pasando por Cuba. ¿Por qué estos tres escenarios tan seductores?

Dotar a mi protagonista de un pasado es lo que me lleva a México –donde se arruina– y después a Cuba –donde se intenta recomponer—. Desde allí, por una serie de carambolas inesperadas, cruzará el océano para llegar a Jerez. Se trata de tres escenarios muy seductores, exactamente: muy llenos de evocaciones y de opciones para la ficción.

A diferencia de sus dos novelas anteriores, el protagonista es un hombre: Mauro Larrea. Quizá una de las cosas que más ha llamado la atención. ¿Podría haber sido la protagonista una mujer?

Creo que la historia me demandaba un hombre, y crear a Mauro Larrea me ha resultado enormemente grato y refrescante.

Y detrás de un hombre una mujer: Soledad Moltalvo (Sol Claydon por matrimonio)

Soledad no está detrás de Mauro, sino frente a frente, de igual a igual. Se trata de una hermosa jerezana, distinguida, mundana. Nieta de un poderoso bodeguero y casada muy joven por decisión de su abuelo con un maduro marchante de vinos inglés. Obligada por una serie de circunstancias adversas y a fin de proteger a su familia, Soledad no tiene más remedio que actuar con oscuras tretas al margen de su marido y para ello hallará un cómplice en Mauro Larrea.

¿Puede la pasión hacernos perder la razón?

En la novela, no. A pesar de la poderosa atracción que se desata entre ellos, ninguno de los dos pierde en ningún momento la lucidez, aunque sus emociones les lleven a proceder de maneras inesperadas.

Aunque no será la única mujer que traiga de cabeza a Mauro Larrea ¿no?

Antes de que Mauro conozca a Soledad Montalvo en Jerez, la mexicana Carola Gorostiza será la causante de todo el imprevisible devenir de Mauro Larrea en La Habana, y la que desencadene su regreso a la madre patria. Es una mujer descarada, manipuladora, intrigante y con un humor rabioso, que será capaz de embarcarse hasta España persiguiendo a Mauro y exigiendo la devolución de lo que era suyo. No obstante, cuando al final de la novela conozcamos las razones que la mueven, en cierta manera la entenderemos y justificaremos algunos de sus comportamientos.

Estamos ante una novela que, en algunos momentos desprende glamour y lujo… Pero en donde las cosas no siempre son como parecen.

Mauro Larrea y Soledad Montalvo son personajes distinguidos que pertenecen a la mejor sociedad en las ciudades en las que habitualmente residen, México y Londres. Pero cuando se encuentran en Jerez, ambos arrastran asuntos oscuros que inicialmente prefieren no sacar a la luz. Urgidos por solventar sus problemas, serán además capaces de cometer todo tipo de tropelías, saltarse las leyes, actuar contra las convenciones sociales y buscar a la desesperada soluciones muy poco habituales.

María Dueñas. Foto: Luis Serrano

“No hay manera posible de salir de una historia y decirle adiós”. María Dueñas. Foto: Luis Serrano

Dada la importancia de las “carambolas en esta novela”. ¿Cree en la suerte?

No lo sé.

El contexto histórico en el que se desarrolla La Templanza es el fin de una época y comienzo de otra. En cierto modo coincide con lo que vive el protagonista Mauro Larrea. Pero esta novela también habla del fin de muchas cosas…

El inicio de la década de los sesenta del XIX me parecía un momento interesante para La Templanza por ser un punto de inflexión en muchos entornos. En los Estados Unidos estalla la guerra civil, que será el detonante la ruina del protagonista. España, por su parte, ha perdido ya casi todas sus antiguas colonias, pero aún mantiene Cuba como su último gran bastión. Frente a ese decadente imperio español, Jerez se afianza con fuerza como un enclave tremendamente próspero, con una economía más que solvente, con una poderosa burguesía bodeguera, con sólidas relaciones internacionales… Me pareció que era un momento histórico apasionante para servir como trasfondo de mi ficción.

En sus dos novelas anteriores encontrábamos mundos con los que usted ha estado relacionada. El Marruecos español en El tiempo entre costuras y la vida universitaria en Misión Olvido. En el caso de La Templanza ¿existe esa relación?

No, en este caso me muevo por los escenarios que requiere el devenir de la historia, pero no tengo ninguna vinculación personal con ellos más allá de ser ciudades que me gustan.

Más de dos años investigando sobre el mundo vinícola, las transacciones comerciales del siglo XIX, las relaciones entre Inglaterra y España. Dos años perfilando a los personajes, la trama, el contexto. Y un día escribe el punto y final, ¿qué es lo que se siente?

Eso de punto y final realmente no acaba nunca de ser así, porque una vez que llega el final de la construcción de la historia, comienza el momento de las revisiones, las correcciones, la planificación del lanzamiento, la preparación del material promocional… Realmente, no hay manera posible de salir de la historia y decirle adiós.

Usted asegura que no escribió La Templanza para ser llevada al cine o la televisión.

Así es. Nace con alma de novela, nada más. Aunque una vez que coja vuelo como tal, no cierro puertas a otras opciones.

María Dueñas. Foto: Luis Serrano

“Pasión, incertidumbre, ternura, nostalgia son algunas de las emociones que encontramos en La Templanza”. María Dueñas. Foto: Luis Serrano

 

María Arizala. Periodista

María Arizala. Periodista

 

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