Hacía tiempo que no esperaba a nadie en una estación de tren y allí estaba, en el andén, esperando a Pablo Carbonell. 

Pensaba en como lo recibiría, ¿un par de besos?, ¿un sencillo apretón de manos?. Miro el enorme reloj y le hago una foto con el móvil, las estaciones tienen algo especial, indescriptible.

Pablo Carbonell me infunde sensaciones contradictorias, desde un profundo respeto, hasta una curiosa ternura.

Es uno de los personajes que ha vivido en primera línea la Movida de los 80, ha estado nominado a un Goya como mejor actor revelación, director, cantante, el mejor Shwoman que conozco. Le recuerdo en La Bola de Cristal, o contoneándose con sus irreverentes, frescas y sensacionales canciones.

Por otro lado, me parece estar frente al mismísimo Peter Pan, con su sempiterna sonrisa y arrancando carcajadas a quien se le ponga por delante.

Por fin llega su tren, la estación se convierte en un hervidero de gente apresurada que camina como si no les quedase tiempo. Miro en todas las direcciones, pero no veo a Pablo Carbonell, hasta que por fin le veo bajar, con paso firme y tranquilo, para él no parece que exista el concepto del tiempo.

Carga al hombro un enorme estuche de lo que parece una guitarra y luce una gorra ladeada que le da un toque, aún mayor si cabe, de enfant terrible. 

¡Pablo! ¡Pablo! le grito desaforada desde la otra punta del andén, acordándome de la mismísima Pe entregando el Oscar a Almodóvar. 

Ni besos, ni apretón de manos, me lanzo a darle un enorme abrazo y él hace el amago de voltearme como si protagonizásemos allí mismo una cómica escena cinematográfica, ¡qué para eso están las estaciones de tren!.

Unas cuantas fotos, y ¡ale! a tomar una cervecita, o dos, o tres. La gente le para y le saluda con un cariño infinito, sorprendentemente, de todas las edades.

Comenzamos a grabar, 3-2-1 ON, imposible seguir el guión de la entrevista y yo no dejo de reír con cada respuesta del Sr. Carbonell.

Vamos a ver Pablo, has ejercido de actor, músico, reportero director, escritor, shwoman, ¿qué charcos te quedan aún por saltar?

Ejem…, bueno, todavía me falta (gesto serio) hacer algo medianamente bien ( se le empieza a escapar la sonrisa) que me permita una carrera más o menos sólida.

He sido muy picaflor en todas las cosas, supongo que me aburre la rutina, bueno, como a todo el mundo, pero en mi caso me espanta. Ya de pequeñito fui muy inquieto, espero que esto se me pase cuando llegue a los…, 90 años.

Aunque hay una cosa que se te resiste, sacarte el carnet de conducir. ¿Es pavor, dejadez o que te gusta vivir emociones fuertes?

No, es que en realidad no conduzco sin carnet, ¡ya tengo carnet! se me murió mi chofer, mi amigo, y le compré el coche a su viuda.

Me saqué el carnet en Cuenca, yo estaba esperando a que alguien me dijera, ¡oye! tienes que pagar este dinero y te lo damos, pero eso no pasó y me lo tuve que sacar de verdad. Es más, me suspendieron el práctico dos veces y el teórico lo aprobé a la primera, me saqué el carnet con 45 años.

Comenzaste en el Parque del Retiro haciendo mimo junto a Pedro Reyes, como tu partner. ¡Lo que daríamos por tener esas imágenes!

Todo surgió porque robamos un libro de Els comendiants que estaba en un bar, en Huelva. Pedro Reyes y yo decidimos que íbamos a usar los mismos números que ellos, pero en lugar de ser un quinteto, seríamos dos, y sustituiríamos todos los que faltaban, hablando, y como tampoco teníamos maquillaje lo hacíamos a cara descubierta, y como tampoco teníamos mallas, nos pusimos las medias de nuestras madres. El caso es que había que salir de casa y empezar a ganar dinero y en esos menesteres me veía con 17 años, Pedro Reyes y yo, recorriéndonos el mundo haciendo mimo callejero.

¿Y luego llega Alaska y La Bola de Cristal a tu vida?

El programa de Alaska seguramente surge porque estábamos actuando en el RocK-Ola, éramos los únicos cómicos que no llenaban de salivazos.

Alaska vino a verme y fue muy amable, esa niña está muy bien educada, y nada, nos llamaron para hacer una intervención en La Bola de Cristal. Recuerdo que era una entrevista que nos hacía Alaska, nosotros interpretábamos a los sastrecillos que había cosido el traje del emperador, y les gustó. Nos llamaron de nuevo a Pedro Reyes y a mi y así comenzamos.

¡Recuerdo perfectamente esa entrevista en La Bola de Cristal!

¿A sí?, además recuerdo que entramos en TVE por primera vez y yo dije: «¿podemos improvisar?», y todo el mundo se llevó las manos a la cabeza, diciendo «¿este tío que dice?, ¿no os sabéis el guión?» y cuando parecía que nos iban a dar la patada definitiva, nos pusieron delante de la cámara y funcionó.

¿Puedes contarnos cómo era La Bola de Cristal por dentro?

A mí me gustaba hacer la Bola de Cristal porque ese día me duchaba (risas).

Vivía prácticamente en casa, sin ducha o en pensiones compartiendo habitación. Y de repente, ¡me ponían en un camerino con ducha!, y esa  ducha semanal me venía muy bien…, ¿No sé si he contestado a tu pregunta?

Bueno me has “descolocao” un poco, pero seguimos. ¿Alguna anécdota digna de mención?

Recuerdo que uno de los actores fumaba canutos en el vestuario y yo me quedé muy sorprendido, pensaba que le echarían. Alaska venía con un termo de leche para darle a los gatos del plató.

Lo pasábamos muy bien, estábamos estrenando la libertad de expresión, no nos dábamos cuenta de que la íbamos a perder más tarde.

Tú provienes de una familia, como Alaska, acomodada, tu padre es abogado, ¿rebeldía?

En realidad he tenido la suerte de no tener que pedirle nunca a mi padre nada, mi padre es abogado, lo que ha mí me a venido bien para que me trate con cierta deferencia, y mi madre es maestra, lo cual me ha permitido disfrutar de una buena biblioteca en casa, pero poco más. Ellos no me han pagado ningún estudio de nada, es que en realidad, no he estudiado nada. Tampoco  puedo decir que me hayan regalado la guitarra.

Luego llegaron Los Toreros Muertos, ¿como es eso de que diste un empujón al cantante del grupo y ahí te quedaste?

Pues Pedro Reyes y yo actuábamos en un sitio, se llamaba La Sala Nevada y de repente había un grupo tocando y subí a cantar una canción que se me ocurrió en ese momento  (se queda pensativo) o quizá es en lo que estaba pensando todo el día, la canción se llamaba “chúpamela”.

Y entonces estuve contorsionándome en el escenario cantando “eso” con todo tipo de entonaciones y gritos. La verdad es que me aplaudieron mucho y entonces lo tomé como costumbre, cuando terminaba de actuar con Pedro Reyes, me quedaba para hacer Jam sessión y después de casi un año así, tenía ya un repertorio propio, que nunca registré, cuando las grabé las escribí por primera vez.

¿«Mi agüita amarilla» también fue una improvisación?

No, «Mi agüita amarilla» es una canción anterior a Los Toreros muertos, fue mi primera canción.

¿Tu primera canción?

Mi primera canción y ¡ya tenía ese planteamiento!. Como yo era el payaso de la Movida, bueno Pedro Reyes decía que nosotros éramos los James Caan de la movida (risas).

Iba mucho a Rock-Ola , pero no tenía grupo y ¡todo el mundo tenía grupo de música en la Movida! y yo tenía un grupo de payasos y sentía una cierta frustración, y la frustración es un gran motor en la vida, y entonces me dije: voy a hacer un grupo para destrozar a los grupos, voy a hacer grupo que sea un anti-grupo, un grupo que se ría de las poses de los grupos, incluso que defina los estilos musicales, para al definirlos destruir su potencial, destructor, tonterías mías ( risas).

Entonces estaba viendoun grupo que se llamaba “La orquesta de las nubes” y aquello me pareció música acuática, y me dije…, ¿como me cargo a la música acuática?, y entonces pensé en hacer una canción sobre el viaje de mis aguas menores.

Pablo…me estoy saltando el guión de la entrevista, ¡ya no sé por dónde voy!

¡Es que deberías saltártelo totalmente!

Me hablas del Rock-Ola, por aquel entonces el Estudio 54  de Madrid. ¿Has sido uno de los protagonistas principales de La Movida, ¿háblanos de cómo la viviste en primera persona?

Si, nos salía del Rock-Ola, incluso trabajé allí. Posiblemente, Estudio 54 envidiaría a el Rockola en aquellos tiempos. Estamos hablando de una España encorsetada que rompe sus moldes y pasa a pasearse por la calle sin importarle las pintas que llevábamos.

De repente tenemos libertad de opinión, de expresión. Rápidamente todo el mundo se miraba en el espejo de la estética londinense, en el punk y después la estética Mod. Hubo una gran explosión, y el templo catalizador de todo aquello fue el Rock-Ola y allí estábamos todos metidos, esperando a las lentejas que nos daban a las 6 de la mañana, ¡que yo no me saltaba nunca!.

Pablo-carbonell

“Mi agüita amarilla” es una canción anterior a los Toreros muertos, fue mi primera canción.

¿Daban lentejas en el Rockola

¡Sí! daban lentejas a las 6 de la mañana y yo me esperaba siempre. Luego me iba a grabar La Bola de Cristal, (vuelve a quedarse pensativo) no entiendo por qué en aquel entonces no me preocupaba el descanso ( risas)

Claro, tenías ¿cuántos años?

¡Unos 20 años!

Si comparamos la juventud de aquellos años, con la de ahora, (esta pregunta me hace a mí mayor),  ¿qué crees que les falta para llegar a ser tan creativos como erais vosotros?

Es que nosotros o nos íbamos de casa, o teníamos que pasar por el aro. Ahora los chavales viven estupendamente en su casa y nosotros estábamos siempre en la calle, éramos muy solidarios.

Yo llegaba a Barcelona, me plantaba en la redacción del periódico El Víbora con unos chistes, conocía a su fundador, Josep María Berenguer, a Only You, a Pons, a Gallardo, que me invitaban a cervezas, a sus casas a dormir, y me encontraba, de repente, ¡una tía desnuda en el sofá!. La gente iba por la calle y veía una fiesta en un piso y alguien desde la calle preguntaba: ¿dónde es la fiesta? y le contestaban ¡en el quinto B! y subías a la casa sin conocer a nadie, ¡había un buen rollo!.

Pero claro, entonces no había tantos artículos de lujo en las casas, no había cosas que romper ( risas).

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“Los Toreros Muertos” siguen muy vivos, de hecho vamos a tocar en El Festival Iberia

Tengo entendido que llegaste a actuar con Los Toreros Muertos en una fiesta de Narcos, ¿eso es cierto?

Sí, eso fue estando en Colombia, en casa de La familia Ochoa, ( yo no lo sabía en ese momento).

Ya se hablaba mucho de Pablo Escobarpor aquel entonces muy querido en Colombia, luego vino la miseria en la que cayó llevado por su propio negocio, porque la verdad es que la farlopa te vuelve un poco tarumba, convierte a cualquiera en una versión amplificada de sí mismo que te lleva a la tumba ( gesto serio).

Ese hombre pensó que no se le podía juzgar nada, ni nadie, ni a él, ni a su gente, entre la que se encontraba La familia Ochoa. Posiblemente esta gente estaba tan amenazada que no podía ir a un concierto normal y tuvimos que ir a su casa a actuar.

¿Y eso cómo terminó?

Fue un concierto interesante, hasta que al final terminó con las pistolas en alto, porque venía el ejército. Y allí nos quedamos con las prostitutas y un grupo de mariachis que estaban líbidos.

Nuestro intermediario también estaba líbido, ahora que recuerdo, pensamos que aquello iba a terminar en una matanza..

¡Qué fuerte!

Sí, pero mira, en mi casa me dieron una educación católica cristiana y a pesar de ello no creo en Dios. Siento la obligación espiritual de hacer lo que hago, me dejo llevar por mi espíritu y mi cuerpo me da igual.

¡Me acabas de dar un pedazo de  titular!. Pero no habéis enterrado a los Toreros Muertos, ¿seguís tocando?

Sí, Los Toreros Muertos siguen muy vivos, de hecho vamos a tocar en el Festival Iberia y en algunas otros sitios antes, pero es un grupo muy complicado, cada uno en una punta del mundo.

¿Sois los mismos miembros de siempre?

Sí, uno viene de Argentina, cada uno de un lado, un jaleo.

Eres un tipo con estrella, has cerrado y abierto capítulos muy distintos en tu vida, muy afín al espíritu de nuestra revista, volver a empezar de cero, ¿como lo consigues?

Me gusta comer mucho todos los días y si puede ser, pagar yo la comida. Ha sido el estómago.

Silencio y trago de cerveza. Has conseguido estar nominado a un Goya como mejor actor revelación, ¿cómo se vive ese momentazo?

Pues lo viví, allí. Lo gracioso es que yo estaba presentando los Goya con Concha Velasco, y bajé un momento, me senté entre el público y vi que se lo daban al niño del Bola, y me volví otra vez a presentar, lo cierto es que me dio rabia.

Eres muy sincero, normalmente la gente aplaude y mira para otro lado.

Afortunadamente no me lo dieron, porque he seguido trabajando. Si me lo hubieran dado hubiera caído en la maldición de estar dos años sin trabajar.

Pero me dio rabia porque la pieza me gusta mucho. Cuando fui a Madrid por primera vez, lo que más ilusión me hizo fue pensar que iba a ver, en directo, “Los fusilamientos del 2 de mayo” de Goya, quien ha sido un pintor muy importante, y me hubiera gustado tener mucho ese busto suyo en una vitrina de casa.

¿Qué papel te hubiera gustado interpretar?

Me gustaría mucho hacer de cura…

Otro trago a mi cerveza, no, si te pega, te pega.

¿Verdad que sí?, hace poco hice de un agente de publicidad para la serie “Cuéntame” y me lo pasé genial haciéndolo.

En todas las múltiples facetas en las que te has podido desarrollar, eres un auténtico hombre del renacimiento, ¿donde te has sentido más cómodo?

Dirigiendo, porque tenía que hacer el trabajo de todo el mundo, o al menos saber como se tenía que hacer el trabajo de la gente que estaba a mi cargo, y eso me obligaba a tener responsabilidad y me lo pasaba estupendamente

¿Y tienes intención de repetir?

¡Me encantaría!…pero no me dejan.

¿Quién no te deja?

Es que no me deja el dinero ( risas). Aunque ahora los chavales hacen las películas y series con cámaras de andar por casa, pero yo ya me he aburguesado.

Llegamos a Caiga quien Caiga. ¿Como recuerdas aquella experiencia?

Pues mira, me lo propuso Wyoming que vino con la directora a un concierto nuestro. Caiga quien Caiga tenía un antecedente, había un programa en Telemadrid que se llamaba “La noche se mueve” y vinieron a grabar “mis manía a casa” y les gustó tanto que me pidieron una sección, y creé una donde yo interpretaba a un reportero.

Cuando surgió la posibilidad de  hacer Caiga quien Caiga, me llamaron para hacer de ese reportero. De hecho cuando presentaron el programa a los medios, lo hicieron con mi prueba.

Es que lo que tocas lo conviertes en oro, tienes estrella.

Sí…, tengo un Don. (risas)

¿Puedes compartir algún secretillo con nosotros?

La verdad, ( silencio y largo trago de cerveza) No. Todas las manías y secretos los expreso en mis canciones y expresarlas en palabras normales me parece un ejercicio impúdico ¿no?

Ahora el trago largo lo doy yo. ¿Y a quién van dirigidas tus “Canciones de Cerca“?

Van al público que viene a escucharlas. ¿Ves?…, soy muy vulnerable a los halagos. Has hablado tan bien de mí que me ha entrado la timidez

¿En el fondo eres tímido?

Claro que sí…, toda mi vida es una lucha contra la timidez.

No sé si me hablas en serio o ¿estás de coña?. Cambio de pregunta (risas) 

Es que me he quedado sin cerveza. ¡Señorita! ¿me pone una caña por favor?

En ese momento no puedo evitar recordar la letra de la canción «Mi agüita amarilla» ( Momentazo). 

¿Con qué nos vas a seguir sorprendiendo?, ¿algo que pueda compartirse?

Hay dos o tres proyectos, uno es hacer un monólogo poético, de un autor de Rota, de Cádiz, Los astrólogos errantes, que me gustaría hacer los tres personajes que siguen una estrella, otro sería dirigir un musical, pera ponerlo en la Gran vía en principio, luego ya pensaríamos en Broadway, ¡si es que no debería hablar de los proyectos!

A micro cerrado, me cuenta el proyecto del musical, ¡Sin duda será un éxito!

¿En el fondo te gustaría interpretar a un personaje dramático?

Si lo he hecho muchas veces, lo que pasa es que es más difícil hacer reír, y para eso creo que estoy bien dotado ( risas).

En realidad a mi me dan un guión, leo el texto y veo de qué manera darle la vuelta al personaje para demostrar que está como una cabra.

¿Le buscas siempre el lado cómico a la vida?

Yo diría que le busco el lado extravagante, sobre todo. Las personas normales creo que no existen. Si me dan un guión de una persona normal, lo convierto en un marciano.

Pablo Carbonell…, ¿Es un personaje?

Para mucha gente sí, para mí no. Para mí soy yo, mis dolores de espalda, mi alopecia, mi trasiego, no paro de un lado para otro. Pero para mucha gente es un personaje que va con una sonrisa siempre, al que se lo encuentran en un atasco, o en el metro, y les hace sonreír.

¿Pero a veces, no hay tantas ganas de sonreír?

Es que la sonrisa en un método muy bueno para ser feliz. Sonreír es una cosa que te refuerza el sistema inmunológico

Pablo Carbonell no suele dejarse nada en las entrañas. ¿Algo que quieras decirnos?, ¿quizá algún mensaje para próximas generaciones?

ummmm, no sé, yo le pediría que no se vayan.

Si este país se queda sin gente, será un país de viejos, y ¡eso no!, por favor. La juventud tiene que quedarse, votar y cambiar, por qué no decirlo…”esta casta” (risas)

(Risas) Corto y cierro. 

pablocarbonell

PABLO CARBONELL nació en Cádiz y a principios de los años 1980 PABLO CARBONELL formó junto PEDRO REYES, en Huelva, donde ambos residían un duo cómico, lo que les llevó a participar en el programa LA BOLA DE CRISTAL para luego formar el grupo LOS TOREROS MUERTOS con canciones tan conocidas como Mi agúita amarilla, después de lo cual PABLO CARBONELL colaboró en el programa de televisión CAIGA QUIEN CAIGA junto a el GRAN WYOMING donde interpretaba a un reportero intrépido. PABLO CARBONELL dirigió la película ATUN Y CHOCOLATE y ha colaborado en numerosos programas  como TU SI QUE VALES, EL INTERMEDIO,  y en series como HOSPITAL CENTRAL, cuéntame, PABLO CARBONELL forma parte de la discográfica  18 Chulos Records junto con otros artistas como Javier KraheJavier RuibalEl Gran WyomingPepín TreFaemino y Santiago Segura.

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