Una vez sellado el nicho en el que introdujeron el féretro de su padre, Sergio sufrió una convulsión. Se echó las manos a la cara y se separó del grupo de familiares y amigos para lamentarse aparte, en silencio. Estaba pasando una racha muy mala desde que Kika, su hija de diez años, le dijo que le veía viejo. No la culpó: eso mismo pensaba él de su padre a esa edad. Tampoco se sintió repentinamente acongojado por pensar en la relación con su mujer, que él diagnosticaba como apagada, definitiva e irreparablemente apagada. 

No.

Lo que produjo el arrebato de amargura en Sergio fue el recuerdo de la mujer hermosa que conoció en un viaje de negocios a Roma la semana anterior. Durante el vuelo de ida hablaron sin dejar de mirarse a los ojos todo el tiempo. En Roma se propusieron no hablar de nada personal, ni de dónde eran, ni siquiera cuáles eran sus nombres. Sólo pasaron una noche juntos en el hotel haciendo el amor, seguros de que lo mejor de sus vidas estaba a punto de comenzar. Al final, continuando el juego de secretos, ella le dio su móvil en un papel con la promesa de volver a encontrarse en España. Sergio introdujo ese papel en el bolsillo de la chaqueta. La misma chaqueta que le había prestado su padre para el viaje a Roma. La misma chaqueta con la que el padre de Sergio acababa de ser enterrado.

Generación Ficción 

Dani

Por Dany Campos.

Guionista y realizador. 

MACCO

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