Soy poeta. Pero sólo desde hace 5 minutos.

            Toda mi obra anterior se reducía a buscar palabras que sonaran bien, y meterlas con calzador en un zapato sin brillo, en frases que no decían nada. Imitando a otros autores, queriendo ser. Pero sólo escribía:

 

La escarcha del alba te impregnó.

Es tiempo de hollejo hendido

en los recovecos de tu parra,

anhelando tu candela.

            Eran palabras seleccionadas antes de tener una idea brillante. Porque ¿qué significaba esa estrofa? ¡Nada!

            Perdido en una librería, lejos de mi barrio, la he descubierto esta mañana. Vestía una falda corta, y una camisa elegante pero discreta. Prendas normales acoplándose a la belleza que bordeaban. Y eso me dio la idea. Lo importante en esta sinécdoque sin solución no eran las partes, sino el todo. En mis poemas y en ese cuerpo. Que se movía como si flotara. Y en sus palabras. Que flotaban como si se movieran.

            La entonación de su voz era la música que esperaba.

            Soy poeta. Pero sólo desde hace 6 minutos. Exactamente, desde que he compuesto mi primer micropoema con sentido, usando tan sólo 3 palabras que por separado no son hermosas. Porque (ahora sí) me vienen ideas antes que vocablos.

            Ella ni siquiera ha llegado a atenderme a mí, tan sólo me ha mirado y no sé si me veía. Y cuando no me miraba, he escrito mi micropoema en uno de sus post-it y lo he pegado en su monitor. Y me he ido de allí, pero pienso regresar otro día.

            Mientras buscaba a mi musa, yo incluía palabras bonitas en versos triviales.

            Cuando la encontré, aprendí a construir versos bonitos con palabras triviales.

            Y cuando ella encuentre ese post-it, algo en ella sonreirá después de leer:

 

            Eres extremadamente tú.

Pedro J. Martínez. Bioquímico. Cantautor y escritor.

Pedro J. Martínez. Bioquímico. Cantautor y escritor.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on TumblrShare on LinkedInEmail this to someone