Las piernas cruzadas de la recepcionista asomaban deliberadamente bajo la mesa y su minifalda. Enfrente y sentado, Daniel aguardaba su turno, en su primera visita como paciente a esa clínica privada tras su traslado a la capital. “El médico sabe elegir”, pensó con perversa lascivia.

Ya puede pasar –le indicó ella tras colgar el teléfono.

La barba y las gafas del médico llamaron la atención de inmediato a Daniel: conocía a ese hombre de algo… pero también la habitación en sí misma. La bola del mundo, aquel esqueleto en un rincón, la estantería en madera de caoba, el teléfono azul oscuro…

Mientras relataba el motivo de su consulta, Daniel trataba de identificar en su interior el origen de sus sensaciones. Nunca había estado allí, sin embargo conocía el lugar. ¿Una falsa impresión del cerebro? La psicología tenía cierta explicación para ello, así como «Subconscientes en el tiempo», aquel relato de ciencia-ficción de Pedro J. Martínez en el cual el tiempo se repetía pero sólo el subconsciente lo recordaba. ¿Habría soñado con esa consulta? Todo era tan real… Posiblemente habría visto el despacho, o uno muy parecido, en alguna película… pero ¿y el aspecto del médico?

-Perfecto –le dijo éste. Y entonces Daniel recordó.

Sedoctor. Un juego de palabras -seductor + doctor- daba nombre a aquella web de vídeos porno con cámara supuestamente oculta. La paciente de turno relataba su caso, el sedoctor barbudo y con gafas le decía «tendré que explorarla a fondo», y en unos minutos la seducía de forma dominante e incluso repugnante. Algunas parecían seguirle el juego hasta el final; otras se escandalizaban al percatarse del engaño, y en esos casos el sedoctor reculaba con una excusa y disculpas, y su comportamiento se volvía profesional. De modo que todo era cierto… no se trataba de actor y actrices, sino de médico y pacientes reales, chicas que podrían denunciar al repelente barbudo que ahora lo miraba a él.

Al encajar las piezas del puzzle, una ola de escalofríos recorrió el cuerpo de Daniel, pero no tan electrizante como cuando su médico le dijo:

-Desnúdese por completo y túmbese ahí. Tendré que explorarlo a fondo…

Pedro J. Martínez. Bioquímico. Cantautor y escritor.

Pedro J. Martínez. Bioquímico. Cantautor y escritor.

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