Puedo decir que pocas entrevistas me han hecho disfrutar tanto como la de Jano Schmitt , y pocas me han dado tantos posibles titulares como para hacer difícil la tarea de quedarme con uno solo.

Jano Schmitt es un fotógrafo de los de los que nacen predestinados a ver más allá de lo que percibe el ojo humano. Habla contigo mientras observa todo lo que hay a su alrededor, en busca de esa imagen que cazar con su cámara, tiene «el don de atrapar el instante».

Mientras hablamos en una terraza, con la catedral guardándonos las espaldas bajo el sol de una incipiente primavera, nos sorprende un pequeño remolino de viento que revolotea alrededor de nuestra conversación levantando todo lo que encuentra a su paso, incluidas las sillas y las mesas que se encuentran a nuestro lado. En ese momento, Jano, me pide educadamente la Nikon, que descansa sobre la mesa, cazando con ella la magia de ese fenómeno. ¿El resultado? una fotografía con vida propia, como todas las que realiza Jano Shmitt.

¿Recuerdas ese primer momento en el que miraste a través del objetivo de una cámara?

No conscientemente….  Mis padres eran aficionados a la fotografía y siempre hubo alguna cámara en casa; les gustaban las cámaras alemanas, como Balda, Voigtlander, Leica, Zeiss …   a través de esas cámaras me asomaba de vez en cuando.  Tampoco me dejaban tocarlas mucho (risas)…

¿Cuál fue tu primera fotografía?

Eso sí que lo recuerdo, tenía cinco años. Un tío mío me regaló una camarita que se llamaba Halina Roy, todo plástico, hasta la óptica, creo. Como no había a mano otra cosa en ese momento,  me cargó un carrete de blanco y negro y mi primera foto fue un contraluz brutal en el bosque, el sol metiéndose entre las ramas de los árboles. Aunque hubiera sido un carrete en color, ¡la foto habría salido en blanco y negro!.

¿Qué prefieres fotografiar…, objetos, paisajes o personas?

¿Es que hay que elegir?.  Elijo TODO.  En las personas siempre hay belleza, dignidad, carácter, gestos…  hay que buscarlos y hacer que se asomen al rostro y a los ojos…  eso no es un trabajo de diez minutos. Hay personas especialmente expresivas, personas brillantes, personas oscuras. Siempre que hago fotos de gente intento dignificarla; mostrar el lado del que más orgullosas se sientan.

Los objetos…, siempre he creído que las cosas tienen su propia alma, su propia esencia, y su propia razón de ser; me encanta mirar y VER. Disfruto muchísimo encontrando pequeños elementos que cuenten algo, una historia, una anécdota. Cuatro gotas en un cristal te pueden llevar de la mano a un viaje sensorial sin límites….

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Y los paisajes…, los paisajes son fascinación pura. Desde la inmensidad casi increíble da la Patagonia, hasta la humildad de unos juncos doblándose en un azud…,siempre, siempre resultan fascinantes. En mis paisajes nunca o casi nunca vas a encontrar personas.  Lo que sí encontrarás es la huella del ser humano. La presencia innegable y constante del hombre, hasta en los sitios más remotos.  Pero los tres elementos tienen algo en común:  la MAGIA. Si no crees en esa magia, si no sientes esa magia, si no vives dentro de esa magia, de poco te servirá todo lo que existe a tu alrededor.

Tus fotografías suelen ser en blanco y negro, ¿el motivo?

Porque casi veo en blanco y negro. Ya está en mi ADN -risas- . En general el color me molesta, si hago cosas en color son casi siempre monocromáticas.  El color ayuda, disculpa, enriquece, llena. El «blanco y negro» es cruel, no perdona. Exige muchísimo más y si se lo das, si lo consigues, la recompensa es enorme.

¿Piensas que a través del objetivo de una cámara se captan cosas que el ojo humano no ve?

Absolutamente. Tiene mucho que ver con lo que hablábamos antes de la magia. Por muy entrenado que tengas el ojo y por muy en carne viva que tengas tu sensibilidad, esa mínima fracción de segundo con la que trabajamos hace que el tiempo se detenga para siempre. En esa fracción pasan cosas que somos incapaces de ver, al menos conscientemente…,pero están ahí.

¿La fotografía roba el alma de la gente, y dota de alma a los objetos?

«La magia no está en las cosas. Está en lo que nosotros hacemos con las cosas», frase mía -risas-. La fotografía no roba, ni da; A veces, pide prestado, pero nada más. Es tu trabajo, tu pasión, tu sensibilidad, la que hace que el alma de las personas y de las cosas salgan a la superficie, brillen con su propia luz, y se reflejen en tus fotos.

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Vienes de una familia de arquitectos, algo que se ve implícito en tu sentido de la estética y en el conceptualismo de tus fotografías. ¿Porqué te decantaste hacia el arte en lugar de hacia la arquitectura, o cualquier otra profesión?

Primero por rebeldía infantil. No quería ser siempre el junior. Me doctoré en Filosofía Económica, pero nada. No me interesó nunca. ¿Y porqué el arte?…, por placer, por pasión, por necesidad, por crear, expresar. En realidad tampoco sirvo mucho para otras cosas.

Te apasiona perderte por el mundo, buscar rincones para fotografiarlos con tu cámara. Buscas «la foto» al igual que el surfista la ola. ¿Cuál es el sitio más extraño que te ha ofrecido una fotografía?

Sí, soy nómada. Necesito estar siempre en movimiento, como el mundo, como la vida. Las fotos están ahí siempre, igual que las olas. Hay días demasiado tranquilos, otros demasiado revueltos, pero siempre se puede surfear alguna. ¿Un sitio extraño?. Sí; la puerta de tu casa; puede ser tan extraña como Siberia si estás atento, miras y disfrutas.

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De Argentina a Murcia, pasando por el mundo. ¿Próximo destino pendiente?

Uffffff……..¡ y lo que queda!. Tengo tres movimientos bastante definidos en este momento:  Roma, Berlin, y Argentina. Pero con billete de ida y vuelta.

¿Una fotografía que aún tengas pendiente de hacer?

Muchísimas.  Todas las que la vida que me queda me permita hacer.

Ahora mismo estás exponiendo en La Galería Babel de Murcia, ¿nos haces un pequeño resumen de lo que podemos encontrar allí?

Claro. Es un viaje. Mi largo viaje. The long Journey. Es la primera vez que expongo en Murcia y Javier Cerezo, director de Babel y comisario de la exposición, seleccionó elementos muy diferentes entre sí, pero con un hilo conductor. Hay fotos de los últimos cuatro o cinco años, y muestran distintas facetas de mi trabajo.  Los paisajes, que van desde Patagonia a Normandía, desde Italia a Tarifa, siempre vacíos, siempre solitarios, pero como te dije antes, siempre con la huella identificable del ser humano. También hay bastantes elementos conceptuales en  los que estoy trabajando mucho últimamente. Creo que se ve la pasión por lo que hago. Soy casi obsesivo.

Pasado, presente o futuro. ¿Con que te quedas?, ¿algún proyecto en mente que se pueda contar?

Las tres cosas son inseparables. Es nuestro viaje. El pasado es conocimiento, el presente es efímero, y el futuro lo tienes que escribir.  Si tienes que elegir siempre vas a equivocarte.  Con esto te quiero decir que me quedo con los tres.

En cuanto a proyectos, sí, te puedo contar. No soy nada supersticioso.  Tengo ya previstas tres exposiciones más para este año, una en España y las otras en el exterior, y dos proyectos editoriales que me enamoran. Uno «en el horno» y otro para fin de año.

Pero mi principal proyecto, es disfrutar cada día. Vivir… y encontrar de vez en cuando alguna respuesta para todas las preguntas que tengo.

Gracias Jano, un placer charlar contigo.

Silvana, puedo asegurarte que el placer has sido todo mío.  Gracias a ti, y a todo el equipo de Generación Fenix.

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