En el siglo XXI no es ninguna novedad decir que vivimos en una Sociedad que cambia a una velocidad de vértigo, la vida útil de la mayoría de productos cada vez es más corta, y los hábitos y tendencias alimentarias no son una excepción.

De hecho, el último informe de FOOD DRINK EUROPE (2014) nos habla de tendencias recogidas en Europa y las clasifica en cinco apartados.

El primer apartado nos habla del PLACER:

No podemos olvidar que el placer es una de las tres funciones de la alimentación. En éste sentido la población valora mucho que su alimentación que sea SOFISTICADA. Hoy en día se valoran más los platos con diseño y un toque artístico, que los platos tradicionales, que eran más abundantes pero con una presentación menos elaborada.

También nos atraen más los alimentos EXÓTICOS, como puede ser un mango, antes que una manzana. Además preferimos que los platos sean DIVERTIDOS y con VARIEDAD PARA LOS SENTIDOS. Le pedimos a nuestros platos que tengan diferentes colores, gustos, texturas, olores.

En el apartado de SALUD valoramos de nuestra alimentación que sea NATURAL y VEGETAL.

Estos conceptos se usan mucho en la Industria Alimentaria sabiendo lo que «vende», pero no perdamos el «Norte» con este concepto, ya que natural no es siempre sinónimo de mejor. Podemos tiener ejemplos cómo la «Amanita Faloides» que es una seta mortal y es muy natural, o la grasa vegetal hidrogenada -margarinas-, que puede ser peor en algunos casos que la grasa saturada animal.

Otro aspecto de valor en este ámbito es que sean productos con un valor MÉDICO añadido. En éste sentido valoramos que un producto como un yogur tenga el poder de ayudarnos a digerir, o que una margarina nos regule los niveles de colesterol, o que unos cereales del desayuno sean ricos en hierro.

Todo esto está bien, pero hay que tener en cuenta que si queremos que nuestra dieta tenga alto contenido en hierro, lo que hay que hacer es ir a buscarlo dentro de los alimentos ricos en hierro de serie, como la carne roja, no atiborrarnos de cereales ricos en hierro. Ante todo, y como siempre digo…, sentido común.

En el aspecto FÍSICO le damos importancia que los productos que consumimos nos aporten un valor añadido en el CONTROL DE PESO, en aspectos COSMÉTICOS y en el BIENESTAR. Aquí encontraríamos productos poco calóricos, de fácil digestión y con algún valor en belleza como por ejemplo, infusiones de té verde.

En el siguiente apartado se valora la PRACTICIDAD.

Aquellos productos que nos AHORRAN TIEMPO, sean FÁCILES DE MANEJAR y que respeten LA TEMPORALIDAD y el KM0. El tiempo es uno de los valores más preciados a día de hoy, o sea que un buen sándwich vegetal en una máquina de vending servido al momento es una buena solución para matar «el gusanillo».

Por último se valoran mucho los aspectos ÉTICOS.

Los productos con un valor SOLIDARIO o ECOLÓGICO son mejor vistos. Dentro de productos solidarios se valora más un yogur elaborado por una empresa de inserción laboral, o que al comprarlo parte del dinero ayude a alguna fundación o proyecto.

En los productos ecológicos hay un poco de controversia. El motivo es, ¿respetar más la tierra o comer productos con menos productos químicos? Yo soy más amante del primero. O sea que prefiero comer tomate convencional del país, que no tomate ecológico de Australia. Un viaje tan largo no es sostenible. Por ejemplo lo que sí que tiene sentido es comer más pollo que ternera, pues para obtener un quilo de pollo hacen falta 2 quilos de pienso, sin embargo para obtener 1 quilo de ternera necesitamos 8 quilos de pienso. Es cuatro veces más sostenible comer pollo que ternera.

Joan Majó. Nutricionista

Joan Majó. Nutricionista

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