A sus 45 años, Jorge Martínez ya estaba entrado en carnes, había perdido bastante pelo y tenía el colesterol alto; y seguía sin renunciar a las salchichas alemanas y el tabaco americano. Sin embargo, todo ello no le impedía continuar enganchado al éxito, a la fama, al sexo fácil. Era el hombre de moda, estaba seguro de sí mismo y presentaba con soberbia el programa «Apuesta que no es poco» en horario de máxima audiencia.

Durante hora y media, Jorge iba comentando en directo las extrañas apuestas que realizaban los televidentes. Se podía apostar cualquier cosa, pero eso sí: debía suceder antes de que terminara el programa. Y esas cosas cualesquiera resultaban de lo más variopintas: versaban sobre acciones en bolsa, partidos en juego, elecciones en cualquier lugar del planeta, anécdotas que podían suceder en esa u otras cadenas… y el supuesto encanto del presentador era hábilmente aderezado con sintonías, otros sonidos y vídeos llamativos.

Bien, pasemos a leer otra de las apuestas seleccionadas de esta noche –indicó Jorge en mitad del concurso-. Uno de nuestros televidentes ha apostado 20 euros en nuestra web a que va a llover en Sevilla capital. Me comunican que allí ahora mismo está parcialmente nublado, y nos quedan 55 minutos de programa… esta apuesta, ahora mismo, se paga 30 a 1, sean valientes como nuestro amigo y… ¡apuesten!

Tras una entrevista fugaz a un futbolista brasileño que respondía con monosílabos y sonrisas, Jorge recibió en pantalla el último aviso de la noche, que leyó con creciente preocupación y sudoración:

Y llegamos a la última apuesta estrella: una espectadora apuesta 1000 euros a que esta noche… yo… muero en directo.

Ni él ni el equipo de sonido añadieron nada más. Ni el público tampoco. Al menos durante 10 interminables segundos…

Bueno… quitémosle hierro al asunto –intentó bromear Jorge-. Veo que esto se paga 1000 a 1, lo que significa que es casi imposible que suceda esa desgracia. Aun así… sean valientes y… apuesten –dijo sin entusiasmo, mientras entraba en pánico y miraba a los ojos a cada persona del público sentada en primera fila. De repente, todos tenían cara de cómplice de la teleapostante, y cualquiera de ellos podría llevar un arma…

La última entrevista era a la actriz sexy del momento, que llegaba extremadamente escotada y con un vestido muy ajustado a sus generosas caderas. Lo cual hizo sudar más aún al presentador.

Sí, este papel es el más atrevido de mi carrera –confirmó ella contoneándose en un momento del diálogo.

Ya veo, Almudena… veo demasiado, jeje –siguió intentando hacer chistes Jorge, torpemente-. Y si me asomo un poco por aquí…

El disparo sonó a un volumen brutalmente elevado, seguido de los gritos del público. El cinturón de Almudena cayó al suelo, y el presentador también.

Los médicos no tardaron en certificar el fallecimiento de Jorge, pero en su cuerpo no había marca alguna de un disparo. El informe final era claro; causa de la muerte: infarto. La investigación concluyó que algo había escapado al control del equipo técnico: entre tanto redoble de tambores y efectos especiales, se había colado accidentalmente el sonido de un disparo. Cosas del directo, no era la primera vez.

Con total discreción y anonimato, la usuaria Claudia retiró el millón de euros de su cuenta del programa y los distribuyó entre varias cuentas bancarias. Descorchó una botella de vino, se despojó de su vestido y esperó en su salón la llegada de su nuevo y secreto amante. Se llamaba Diego, y trabajaba como técnico de sonido en el programa de moda.

 Ponle música. Dale al play.

Pedro J. Martínez. Bioquímico. Cantautor y escritor.

Pedro J. Martínez. Bioquímico. Cantautor y escritor.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on TumblrShare on LinkedInEmail this to someone