Un miércoles cualquiera, unas flores aparecieron para iluminar unos ojos. Alicia sonrió y dio las gracias al repartidor, que salió del edificio justo cuando el Sol también se despedía.

De nuevo a solas pero ahora sin sentirlo, ella puso las rosas en agua y se tomó su tiempo para saborear ese momento que olía casi mejor que aquellos pétalos rojos. El momento de abrir el sobre, la emoción de saber que iba a saber el motivo del detalle. Para empezar, estaba segura de que había sido cosa de Alberto, con quien llevaba saliendo un par de meses (ya felizmente celebrados). Y no se equivocó en su predicción. Era un chico detallista, como ella, y ambos sabían apreciar los pequeños gestos del otro. Porque todo era espontáneo, sin obligaciones ni compromisos. Sin embargo, esta vez Alicia quedó desconcertada al leer la nota del sobre: “Por el día de ayer”.

Estaba claro que algo se le escapaba. No se trataba de un regalo porque sí, que también se los hacían, sino que se refería al día anterior: un martes cualquiera, pero sin flores. Incluso sin aroma, perdido en la distancia, en el ruido de los coches y la rutina del trabajo. Ni siquiera había visto a Alberto, tan sólo habían intercambiado unas palabras por teléfono: qué tal el día, muy aburrido, estresante, ya nos veremos mañana.

Por tanto debía de ser la fecha… Algo que sin duda habrían pasado por alto y que él había recordado al día siguiente. Lejos de cumpleaños, y también de otras celebraciones a las que ellos no daban importancia, posiblemente se cumplían meses, o una semana, de algún acontecimiento romántico. ¿3 meses? No, puesto que aún no se conocían… ¿2 meses? ¿Un mes? Incapaz de recordar lo que había sucedido esas fechas exactas, Alicia sólo pudo rememorar un martes atrás, 7 días antes del día de ayer. Y exactamente igual que el martes de ayer.

El bar estaba vacío hasta que ella lo llenó con su presencia. Casi tan puntual, Alberto alcanzó la barra y besó la sonrisa que lo esperaba en el tiempo.

-¿Qué tal el día? –preguntó él.

-Muy aburrido, estresante, hasta que llegaron las flores –respondió ella con un guiño.

La camarera los contemplaba desde esa sabia perspectiva que no entiende de envidias pero sí de admiración, producto de la experiencia y de una sana determinación de quererse a sí misma para no desear el mal ajeno. Aun sabiendo que esa noche no podría ser ni la mitad de feliz que sus únicos clientes. Le pidieron 2 cervezas, las sirvió de inmediato y se apartó discretamente.

-Bueno, Alber, y ahora me tienes que explicar el motivo –exigió Alicia tras unos minutos de complicidad, y lo habría hecho a cambio del encanto que desprendía de haber sido consciente del mismo-. ¿Qué pasó hace un mes y un día? ¿O tal vez 2 meses y un día? Estoy perdida y me da corte no recordarlo…

-Nada. O al menos nada que yo recuerde, estoy tan perdido como tú.

Nada más ser pronunciada, la última frase dejó de ser cierta.

-Ahora sí que me has despistado totalmente –se rindió ella-. Entonces se trata del día de ayer en sí mismo, ¿no?

-Exacto.

-Pero si fue un día normal y corriente… ¿cómo puede ser ése el motivo de las flores?

-Porque no quiero que tengamos días normales y corrientes.

Sin querer, la camarera escuchó la respuesta, subió el volumen de la música y les puso otras 2 cervezas. De las especiales.

Pedro J.Martínez

Pedro J. Martínez. Bioquímico, cantautor y escritor.

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