–¿Qué has pensado para solucionar el problema del viento con un tejado a dos aguas? –preguntó a Adrián su socio en el estudio de arquitectura sobre un proyecto.

Pasaron quince segundos.

No sé. ¿Qué se ha hecho en otros sitios? 

La contestación era tan pusilánime que sorprendió al mismo Adrián. Más tarde, vagando solo por el estudio pensó que no fue sino la cristalización de un sentimiento de hastío que venía teniendo desde bien entrados los cuarenta. Se encontraba en una encrucijada vital protagonizada por la falta de pasión por la vida en general y su trabajo en particular. Se preguntaba cada día dónde había ido el hambre de éxito de su juventud.

Esa tarde, mientras vigilaba a su hija en el parque, la niña llegó hecha un mar de lágrimas, rabiando de dolor porque no había conseguido subir el tobogán por la rampa de bajada.

–No llores, Martita, es sólo un juego.

La niña, al oír ese sinsentido, miró a su padre con una expresión de alarma y decepción. Adrián, en el lenguaje oculto que sólo un padre o una madre entienden a través de los gestos de un hijo, descifró el mensaje de Martita: “No sólo un juego, sino nada más y nada menos que un juego”. 

Esa es la fuerza de los niños para devorar la vida, entenderla como un juego, pensó Adrián mientras ponía sobre la mesa de su socio días después trece propuestas imaginativas para el problema del viento en un tejado a dos aguas.

Dani

Dany Campos

Realizador y guionista.

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DANY CAMPOS. “CREO QUE HAGO CINE POR CHAPLIN, AL QUE CONSIDERO UN GENIO, JUNTO CON ALBERT EINSTEIN”

 

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