Oye, salgo. Necesito un poco de aire –dijo Álvaro a Alicia muy frío, marmóreo.

Hacía un tiempo que su marido estaba enigmático y taciturno. A veces, irascible.

Vale –respondió Alicia, que sintió un ligero mareo cuando él cerró la puerta.

El portátil estaba sobre la mesa del salón. Soltó su taza de té y decidió darse una vuelta por Facebook para evadirse de los quebraderos de cabeza sentimentales.

“Hey” –comenzó un chat de mensaje privado. Era Sofía, una amiga de la pareja.

“Hola!!!!!!”–contestó Alicia, añadiendo el emoticono de la risa a boca abierta.

“¿Y esa alegría? ¿Lo has hecho yaaaaa????”

¿A qué se refería? No recordaba haber mencionado a Sofía que fuera a hacer algo especial.

“El qué”

“Jajajaja… Eres un payaso. Adoro tu sentido del humor” –emoticono del muñeco con corazoncitos en los ojos.

¿Payaso…? ¿Adoro…? ¿Qué le pasaba a Sofía?

Entonces lo entendió: estaba abierta la cuenta de Facebook de Álvaro. Un escalofrío recorrió su cuerpo. No por haber utilizado la cuenta de su marido –eso era un error comprensible y fácil de explicar– sino porque intuyó una relación demasiado estrecha entre Sofía y él, a tenor del tono de la conversación. En una situación normal hubiera pedido disculpas e ingresado en su cuenta. Pero no, no era normal.

Refréscame la memoria.

No, en serio. Te repito que esa sustancia que te pasé es letal y no deja rastro en el organismo. En una infusión es casi instantáneo.

El mareo se incrementó. Alicia miró su taza.

Vacía.

Dany Campos

Realizador, guionista y consultor de guión

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