Cristiano Ronaldo se colocó el flequillo mientras miraba a portería con la boca abierta, paralizada. Se disponía a lanzar el penalty definitivo contra el Barcelona, en el último minuto de la final de Champions. Pero algo interrumpió la magia.

-¡Nene, ven!

Era la voz de Berto, el padre de Vicen, desde el salón. El chico tenía 17 años, y tuvo que soltar el mando de su consola: Cristiano lo esperaría sin prisa pero en pausa. Cuando Vicen llegó al comedor, sobre la mesa que su padre le señalaba encontró 5 cartas y 5 sobres desordenados, pero con direcciones escritas en sus anversos: una para el banco, y otras para amigos y familiares. En las cartas, se leían expresiones extrañas, otras directas y otras normales: «métanse su dinero por donde les quepa», «os esperamos pronto», «que no se entere la abuela»…

¿Para esto interrumpes mi partido? –se quejó el chico. Berto le habló sin responder, puesto que era una pregunta de ‘sí’ o ‘no’:

-Imagina que…

-Pero si ya no…

-¡Ya, ya sé que ya casi no se escriben cartas, no me interrumpas! Imagina que tienes 25 segundos para meter todas las cartas en sus sobres. ¿Lo conseguirías?

-Pues claro, ¿puedo seguir jugando a la Play?

-Un momento –lo detuvo su padre-. Las doblarías y las meterías todas, pero… ¿cada una en su sobre correspondiente?

-Pues… si sólo tengo 25 segundos, no creo que me diera tiempo a comprobar todas las direcciones, algún fallo tendría.

-Mínimo 2 –precisó Berto-, puesto que si metes una donde no es, su sobre verdadero contendrá otra carta equivocada.

Vicen se desesperaba.

-¿Me estás enseñando matemáticas?

No. Te estoy enseñando otro tipo de lección. Mientras jugabas a la Play, me has mandado un WhatsApp que seguramente era para otra persona… por enviarlo de forma precipitada, por eso te he puesto el ejemplo de las cartas. Nunca hagas 2 cosas a la vez, a no ser que seas una mujer. Ésa es la lección.

Su hijo comenzó a atar cabos y neuronas hasta que su cara se puso tan roja que se dio la vuelta sin decir nada. En su listado de conversaciones de WhatsApp, había confundido ‘Papá’ con ‘Pepa’, la chica más explosiva de su clase a la que se había ligado recientemente, y que había resultado ser tan ardiente como en sus sueños más húmedos. Y le había enviado a su padre un vídeo porno con el comentario «pues esto es lo que yo quiero hacerte a ti».

De vuelta a su habitación, Vicen se tumbó bocabajo en la cama. Había sido la peor metedura de pata de su vida… Un momento: ¿o tal vez la segunda peor?

Al coger su smartphone, comprobó que la teoría del mínimo de 2 fallos era cierta: a Pepa le había enviado el mensaje que era para su padre, y ella le había respondido con 3 mensajes consecutivos:

>> cómo te atreves a pedirme dinero?

>> y a mí que importan tus putas notas?

>> vete a la mierda, y búscate a otra a la que le gusten los niñatos, que yo me iré con alguien más maduro

Pleno. Por sacar bien un córner, había echado a perder toda su dignidad y el mejor sexo del mundo. Sin embargo, se sorprendió descubriendo que el mínimo de lecciones aprendidas también era 2:

  • Si eres hombre, no hagas 2 cosas a la vez.
  • Las chicas que reaccionaban como Pepa no merecían la pena.

A continuación, cambió su estado de WhatsApp:

«El ser humano siempre aprende demasiado tarde».

En pantalla, Cristiano Ronaldo seguía esperando para lanzar el penalty…

Pedro J. Martínez. Bioquímico. Cantautor y escritor.

Pedro J. Martínez. Bioquímico. Cantautor y escritor.

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