Uno de los poetas considerados mayores de la Generación del 27 fue, precisamente, Pedro Salinas. En sus 60 años de vida tuvo un periplo intenso por la geografía española y por el extranjero. De hecho murió en Boston, en los Estados Unidos de América.

Nacido en Madrid, en la capital de España, estudió Derecho y Filosofía y Letras. Fue un enamorado de los clásicos (no en vano hizo su tesis doctoral sobre El Quijote), pero siempre tuvo una visión muy amplia de lo que eran las vanguardias y la necesidad de renovación en lo literario, como en tantos ámbitos.

Desde su más tierna adolescencia entabla amistad con los más grandes que figuran en Madrid, entre ellos Ramón Gómez de la Serna, que le publica sus primeros versos.

Siempre le encantó la docencia, y, de hecho, en varias ocasiones fue lector en el extranjero. Estuvo en París y también en Cambridge, lo que le permitió mejorar sus conocimientos de francés y de inglés e incrementar su perspectiva sobre lo que ocurría, culturalmente hablando, en estas naciones.

Tuvo muchos reconocimientos, pero los que más le encantaron fueron los académicos. Fue catedrático en Sevilla y en la Universidad de Murcia, aunque en este último lugar no ejerció. Se vinculó fuertemente a la Institución Libre de Enseñanza, que fue todo un emblema de la época y para la Generación del 27 en la que nos estamos fijando. Giner de los Ríos, el que gestó y proyectó magníficamente esa entidad, aglutinó a gentes de diversa índole, pero de enormes corazones y muy bien preparados intelectualmente. Su ausencia (la de esta Institución, así como de otras entidades), por el conflicto bélico español, perjudicaría seriamente la evolución cultural española, secularmente atrasada.

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Ateneo de Sevilla 1927, Homenaje a Góngora en su tercer centenario

Una vida intensa

En su obra, que es tanto como su vida, se habla de tres etapas:

  1. Una inicial, con «Presagios» como símbolo, y donde tiene fuertes influencias de las vanguardias y de los novismos, sin olvidar a Juan Ramón Jiménez, que fue un mentor para toda la Generación del 27. Se nota que arranca con una gran fuerza y con una inmensa preparación.
  2. Hay otra etapa de madurez o de plenitud. Es de aquí su archiconocido «La voz a ti debida», sobre el proceso de enamoramiento, en su ciclo vital. «Razón de amor» y «Largo lamento» son otros dos libros de este período que brilló con una luz propia y casi divina. La calidad y la calidez de sus versos, bien hilvanados, con una técnica y unos ritmos muy sabios, sorprenden aún hoy en día. Fue éste un estadio muy hondo y con muchas reverberaciones.
  3. «El contemplado», «Confianza», «Todo más claro y otros poemas» configuran una tercera etapa, marcada por el exilio, por el dolor, por las ausencias, por la perspectiva, por todo lo que tuvo que experimentar de manera forzada. Su denostación de las armas queda clara.

En todos estos momentos de su descollante existencia la poesía ocupó un lugar excepcional. Fue, ante todo, un poeta, y de amor, con este tema de fondo y en las formas. También cultivó la prosa, con ensayos sobre Rubén Darío, Jorge Manrique o San Juan de la Cruz. Se fijó, asimismo, en el teatro, con obras como «El Director», «El precio» o «El chantajista», donde destacan el manejo de la palabra, la técnica y su capacidad creadora. Cuando uno lee esta parte de su quehacer, más ignoto, redescubre los valores de este autor universal. Por cierto, no nos perdamos sus cartas, de una ingente valía.

Para terminar digamos que fue una persona buena, generosa, capaz, leal en sus apreciaciones y con una singular visión de su tiempo, que por su buen hacer y por un don natural ha sido considerada, como dijimos al inicio, uno de los poetas mayores del 27. Sin duda, por méritos propios.

Mientras haya
alguna ventana abierta,
ojos que vuelven del sueño,
otra mañana que empieza.

Mar con olas trajineras
—mientras haya—
trajinantes de alegrías,
llevándolas y trayéndolas.

Lino para la hilandera,
árboles que se aventuren,
—mientras haya—
y viento para la vela.

Jazmín, clavel, azucena,
donde están, y donde no
en los nombres que los mientan.

Mientras haya
sombras que la sombra niegan,
pruebas de luz, de que es luz
todo el mundo, menos ellas.

Agua como se la quiera
—mientras haya—
voluble por el arroyo,
fidelísima en la alberca.

Tanta fronda en la sauceda,
tanto pájaro en las ramas
—mientras haya—
tanto canto en la oropéndola.

Un mediodía que acepta
serenamente su sino
que la tarde le revela.

Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.

Colores que a sus ausencias
—mientras haya—
siguiendo a la luz se marchan
y siguiéndola regresan.

Diosas que pasan ligeras
pero se dejan un alma
—mientras haya—
señalada con sus huellas.

Memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.

Mientras haya
trasluces en la tiniebla,
claridades en secreto,
noches que lo son apenas.

Susurros de estrella a estrella
—mientras haya—
Casiopea que pregunta
y Cisne que la contesta.

Tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando
—mientras haya—
amanecer de poema.

Mientras haya
lo que hubo ayer, lo que hay hoy,
lo que venga.

Pedro Salinas

Juan Tomás Frutos. Periodista de RTVE

Juan Tomás Frutos. Periodista de RTVE

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