Hace unas semanas el British Journal of Nutrition publicó un estudio llevado a cabo por el departamento de nutrición de la Universidad del País Vasco en mujeres obesas de Álava, dónde afirmaba que el té verde, o mejor dicho, el extracto de té verde (Epigalocatequina-3) no tiene efectos adicionales sobre la pérdida de peso.

Esto ocurre justamente cuando la sociedad española está inmersa en una época de crisis económica, de valores y confianza, dónde las ventas de suplementos energéticos con fines diversos ha aumentado un 35% en un año.

Éstas ventas tan elevadas tienen también mucho que ver con la creciente afición de una parte de la población a las pruebas de resistencia extrema a base de largos recorridos en la mayoría de casos combinando diferentes modalidades cómo nadar, correr e ir en bici.

Recientemente la prensa también  se ha hecho eco de opiniones de diversos equipos médicos, que advertían de los peligros que conlleva el abusar de suplementos energéticos sin un control médico, tales cómo arritmias cardíacas, diarreas, vómitos, mareos, bajadas de azúcar y variaciones en la tensión.

En mi opinión, estamos frente una de las dicotomías de la época actual:

En el terreno de la salud, están manifestándose diversas diferencias entre, una clase de gente sedentaria y con sobrepeso, y una clase de gente adicta a los grandes retos deportivos y con una capacidad de sacrificio enorme en su alimentación, y por ende en sus entrenamientos.

En ambos casos se acostumbra a echar mano de una ayuda extra en la suplementación, ya sea para rendir más, o para perder peso comiendo lo que se quiera.

Existe mucho debate a cerca de los efectos reales de éste gran mercado creciente y sobre todo de sus efectos adversos, pero desde mi punto de vista, habría que basarse más en el propio sentido común.

La ciencia tiene muy claras las directrices a seguir para tener un buen estado de salud, una buena forma física y estética.

Hábitos saludables, sobretodo  alimentarios y ejercicio físico de forma regular, tan indispensables, como importantes los dos, cada uno en su medida. Respecto a todo el resto, habría mucho que hablar y que debatir, pero en cualquier caso, no pueden sustituir la base de una buena alimentación y un ejercicio regular.

No obstante, para quienes quieran añadir un elemento a esa base, tengamos en cuenta el café, ya que está más que comprobados sus efectos a la hora de quemar grasas en diferentes estudios y expuestos en diversos congresos sobre dietética y nutrición.

Así que, un buen café largo por la mañana, sin azúcar, en ayunas unos minutos antes de salir a pasear o correr, son una buena forma de empezar el día, con una bebida placentera, mas despiertos y cuidando nuestra salud, sin obviar que ayudan a quemar un 10% más de grasas.

De modo que, no os olvidéis de desayunar bien y sobre todo, con mucha dosis de sentido común.

#joanmajomerino1

Joan Majó Merino

Nutricionista y autor del libro “El peso deseado en 11 pasos”.

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