La primavera está asociada a euforia, enamoramientos, fiestas… y es que la primera provoca cambios en nuestra fisiología, entre otras cosas, por el aumento de las temperaturas y la mayor cantidad de horas de luz que hacen que se modifique nuestro sistema endocrino que es el encargado de producir hormonas como la melatonina o serotonina y estas hormonas nos hacen sentir sensaciones agradables y nos provocan mayor motivación por realizar actividades sociales; sin embargo, otras personas tienden a deprimirse, a sentir cansancio, dolores de cabeza o las conocidas alergias que cada vez afectan a más personas.

Refranes como «La primavera, la sangre altera» son trasladados en el tiempo a través del boca a boca, gracias a que pueden llegar a ser espejos de nuestras formas de sentir, pensar y de nuestra cultura. En esta frase hay bastante contenido cultural, ya que durante muchos años, nuestra vida ha estado muy asociada a la periodicidad de la agricultura y como todos sabemos, en primavera nuestros pueblos se llenan de fiestas para festejar las nuevas cosechas, el entorno pasa de gris a verde y se elevan históricamente los índices de natalidad.

Lo cierto es que en primavera puede ocurrir que algunas personas padezcan depresión, al igual que les puede suceder al inicio del Otoño, esto es lo que se llamamos el TAE o trastorno afectivo estacional, que es un tipo de depresión asociada a los cambios estacionales con cambios de humor pronunciados, en el que la persona se tendría que someter a tratamiento durante diferentes estaciones para poder poner en práctica herramientas psicológicas que le ayuden a prevenir esos cambios estacionales.

Por otra parte, los cambios de ánimo estacionales suelen estar asociados a algunos trastornos de personalidad como bipolaridad y trastorno límite de la personalidad, entre otros y está relacionado con los niveles de serotonina y con ciertos componentes genéticos.

Es importante diferenciar lo que es y lo que no es una depresión; la depresión es lo que llamamos un trastorno del estado de ánimo en el que la persona siente desmotivación, apatía, opresión, tristeza, perdida de interés, insomnio o duerme demasiado, pérdida o exceso de apetito, fatiga, incapacidad para concentrarse y pensamientos negativos recurrentes… durante todo el día y un mínimo de dos semanas; un «Bajón» dura menos en el tiempo y no llega a afectar a la persona, laboral, social, familiar o emocionalmente de forma grave.


Si sabes que te afectan los cambios de estación, lo mejor es prevenirte con bastante tiempo de antelación, cuidando la alimentación y escogiendo frutas frescas que te aporten vitaminas, frutos secos, soja y todos los alimentos que contengan triptófano.

Cuidar la respiración, realizando de vez en cuando respiraciones profundas y diafragmáticas, tratar de tomar el Sol, meditar, hacer relajación, cuidar que el entorno y el ambiente de tu hogar sea cálido, luminoso y agradable, realizar actividades creativas, dejar libre en tu agenda espacios sólo para ti, disfrutar de una buena ducha de forma consciente, prestar atención a las sensaciones agradables, salir a hacer deporte al aire libre, conocer gente nueva, aprender algo interesante, practicar en definitiva, esas actividades que sabes que te ayudan a mantenerte de buen humor; por otra parte, es importante evitar las sustancias que rompen el equilibrio natural de nuestro cuerpo como la nicotina, el alcohol o el exceso de azúcares y calorías en las comidas.

Además prestaremos más atención a nuestros pensamientos, creando de forma intencionada pensamientos positivos como por ejemplo pensamientos de agradecimiento y perdón, que nos ayudarán a tener mayor tolerancia al error y a la frustración. Por otra parte, los cambios bruscos de temperatura y luz que estamos viviendo últimamente pueden provocar desequilibrios en nuestro reloj interno y por ello podemos llevar a percibir cambios en nuestro estado de ánimo incluso si hemos cuidado de todos los aspectos anteriormente nombrados.

En este caso, podemos llevar a cabo diferentes técnicas que nos pueden ayudar a modificar de forma consciente nuestros estados de ánimo de forma positiva, aunque el éxito de las mismas depende de la práctica y la motivación de cada persona. Una estrategia muy potente, es lo que llamamos la creación de «Anclajes», esta técnica se basa en un entrenamiento psicológico en el que la persona de forma consciente, cada vez que le ocurra algo positivo que le proporcione un estado de ánimo que sabe que necesitará en los «momentos de lluvia», realizará algún movimiento o gesto para grabar en su memoria las sensaciones físicas y las emociones que considere que le podrían ayudar en el futuro; de esta forma, cada vez que lo necesite, simplemente repetirá ese gesto que ha quedado grabado en su memoria asociado a emociones y sensaciones positivas y lo utilizará para autoregularse y sugestionarse hacia el estado de ánimo o la actitud deseada. Esta es una técnica aparentemente sencilla, pero muy potente.

Finalmente la clave del éxito es dialogar con nuestros pensamientos y ofrecernos a nosotros mismos nuevas posibilidades de interpretación que nos ayuden a en lugar de encogernos, ¡decidir bailar bajo la lluvia! disfrutando de las sensaciones con nuestros cinco sentidos.

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Ángela Férnandez Moya

Psicóloga y Coach

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