Si en las últimas semanas sientes cansancio generalizado, fatiga, falta de sueño o demasiadas ganas de dormir, dolores musculares, falta de apetito o de concentración, desmotivación, sensación de desconcierto, desasosiego, irritabilidad, tristeza, falta de interés, nerviosismo, problemas para concentrarte, sensación de irrealidad, dificultades para organizar tu agenda o pensamientos de preocupación y eres consciente de que te ha empezado a ocurrir hace poco, que no es debido principalmente a dependencia o abuso de sustancias, ni a otro tipo de dependencias o problemas personales circunstanciales como la muerte de un ser querido o cualquier otra pérdida y además acabas de llegar de vacaciones: Es posible que estés padeciendo lo que se ha identificado como el síndrome postvacacional; que no es más, que la dificultad para adaptarse de nuestros ritmos biológicos o nuestro reloj interno a la rutina laboral o escolar tras un período vacacional prolongado; por lo que los niños también son susceptibles de padecer este síndrome y es posible que últimamente veas a tus hijos un poco más cansados y será también para ellos interesante ir introduciendo sus cambios de hábitos paulatinamente.

Percibir este síndrome en ti, no significa que no te guste trabajar o que seas un gandul, es un proceso natural de adaptación que realiza tu cuerpo y tu mente a un cambio brusco de hábitos y circunstancias naturales como la temperatura, la luz, los alimentos o los horarios. Como dijo Ortega y Gasset «Yo soy yo y mis circunstancias».

La naturaleza está hecha de ciclos y precisamente lo que nos ha hecho expertos en la tarea de la evolución es nuestra capacidad de adaptarnos, aprender y prevenir consecuencias desagradables; así que una vez más la solución la encontramos en la fórmula milenaria de la prevención.

Lo habitual es que los síntomas mencionados, desaparezcan al cabo de una o dos semanas, por lo que no hay que dramatizar ni «psicopatologizar» la situación, aunque este tipo de síndrome puede llegar a propiciar que realmente se vayan acumulando problemas y que los síntomas y sus consecuencias se extiendan en el tiempo.

Para los que decidan ser amables con sus hábitos y sus circunstancias, sean estas mejores o peores, les puede ayudar hacer consciente que todos estamos continuamente transformando la realidad a través de los filtros de nuestras creencias y de los pensamientos y posiciones que consciente o inconscientemente adoptamos ante la vida.

Escoger una actitud de victimismo difícilmente nos empodera para movilizarnos hacia el cambio. Si además de escoger una buena actitud, decides hacer cosas para prevenir los síntomas del síndrome postvacacional, es recomendable tratar de no alargar las vacaciones hasta el día anterior de empezar a trabajar. Planificar la vuelta de vacaciones un par de días antes de incorporarte al trabajo, puede ser curarte en salud, ya que propiciarás que la adaptación a la rutina sea más paulatina y ayudará a que tus ritmos biológicos a que se habitúen más fácilmente a los nuevos hábitos y contextos…

Es aconsejable también, mantener algunas costumbres de vida saludables durante todo el año y no abandonar del todo ciertas rutinas durante las vacaciones como practicar deporte al menos dos veces por semana, programar salida con los amigos alguna vez semanalmente, planificar un pequeño viaje de fin de semana, reservarnos un espacio para realizar cualquier actividad que nos guste y nos podamos permitir, aprender algo nuevo, inscribirnos en algún curso que nos pueda interesar… y en definitiva, ser respetuosos con los ritmos naturales de nuestro reloj biológico y tratar de crearnos conscientemente y de forma realista, propuestas para hacer que nuestra rutina y en definitiva nuestra vida, sea lo más interesante y agradable posible.

Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas.  Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión.

José Ortega y Gasset

Ángela Fernández Moya Psicóloga y Coach

Ángela Fernández Moya
Psicóloga y Coach

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