No cabe duda, en tiempos difíciles a veces es complicado extraer lo bueno de las cosas y hacer de tripas corazón para afrontar el día a día, y disfrutar de la vida. Es en esos momentos cuando las pequeñas cosas, las más insignificantes, se transforman en lo más importante, son lo que nos hace sentir bien, lo que nos engancha a la vida, al aquí y ahora, lo que nos sirve de anclaje a y evita que perdamos la cordura y las ganas de luchar.

Algunas personas conocen muy bien cuáles son esas pequeñas maravillas que les llenan de satisfacción, las aprecian cuando aparecen, las saborean y las guardan celosamente en su memoria. Son capaces de evocarlas en momentos difíciles y de apoyarse en ellas, reconociéndolas como razones para vivir. Otras personas, sin embargo, han focalizado su atención sobre aspectos aparentemente de mayor envergadura, y olvidan aquello que les hace ser quienes son, que les define a menor escala, pero no por ello con menor precisión.

Hace poco descubrí lo mucho que me gusta la arena, sobre todo la arena fría en las noches de verano. Observé como me llenaba de satisfacción mirar a mi hijo de cinco años cuando duerme, ver como ríe jugando con su padre, un mensaje de mi pareja, el olor de la tierra húmeda y escribir en el salón en un día de lluvia con mi familia purulando a mi alrededor.

Estos son algunos de los aspectos más básicos que me mantienen en pie en los momentos difíciles, el ancla con que me aferro a la vida.

Las personas que tienen dificultades para encontrar su anclaje deben hacer un esfuerzo por ganar puntos de amarre, un ancla que aveces exige esfuerzo de auto-observación controlada.

Al preguntar a una paciente por las cosas que le hacían sentir bien en su día a día se quedó petrificada, jamás se había planteado si quiera que hubiese aspectos importantes que reconocer a ciertas horas del día. Descubrió entonces que se sentía fenomenal cantando en la ducha, con el olor a café que llenaba su apartamento a las siete de la mañana, organizando la jornada laboral y charlando con las amigas hasta las tantas de la madrugada en un café.

Descubrió que podía sentirse bien de forma inesperada, sin esfuerzos y con situaciones aparentemente insignificantes.

Una vez lo has descubierto pasa a formar parte de tu ser, algo que nadie te puede quitar.

Si aún no has descubierto cuáles son tus puntos de amarre, qué o quienes conforman el ancla que te mantenga cuando la tormenta arrecie, ahora es el momento de encontrarlo. No esperes más, sólo observa, dedica unas horas al día o una semana a mirar con otros ojos cómo vives los días, centrando tu atención en el momento para obtener la respuesta a; qué cosas te gustan y te disgustan, qué personas sacan lo mejor de ti o te hacen sonreír, que situaciones te hacen suspirar, o a qué no querrías renunciar o cambiar…, busca las inestimables pequeñeces que te llenan de energía.

Resulta simplón y parece obvio, pero lo cierto es que se nos olvida constantemente, y por eso debemos hacer un esfuerzo y tener presente todas esas pequeñas cosas, que te hacen sentir vivo.

Encuentra tus razones para vivir.

cristina

Cristina Carmona Botía

www.up-psicologia.com

 

Foto: Silvanafotografia.

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