Cuando veo a los estudiantes vociferando por las calles me pongo a murmurar como un viejo carcamal contra ellos, y es entonces cuando me doy cuenta lo que pueda llegar a cambiar una persona, sobre todo cuando te asaltan los recuerdos.
Si no me falla la memoria, un servidor participó en tres huelgas estudiantiles allá por los años 80. El motivo de las mismas ya no lo tengo tan claro, excepto el de una de ellas, que se realizó por la falta de calefacción en las aulas. Aunque reflexionando sobre ello creo que no cabe más explicación que la de una juventud que estaba viviendo un cambio generacional y de régimen. Cualquier excusa era buena.  El personaje más mediático de aquellas algaradas fue “Jon Manteca”, un punki al que apodaron “el cojo”, pues le faltaba una pierna.

También recuerdo hombro con hombro, junto a los amigos, empujando la puerta de la antigua sede de la delegación de educación, al lado de la filmoteca regional hasta que esta se abrió reventada como consecuencia de nuestros empellones, atrincherándonos en su interior durante un buen rato. Fuera nos esperaban la policía, los famosos maderos, a los que les gritábamos “esos de marrón, de que instituto son...”. Pero ya sea porque se acercaba la hora de comer o porque recibieron instrucciones, la sangre no llegó al río y cada uno se marchó a su casa. Yo aterrorizado por si mi madre veía las escenas en televisión, que salieron.

Ya se intuía las manipulaciones partidistas, a pesar de nuestra inocencia. En una ocasión, siendo miles los convocados, y cuando nos dirigíamos, como era preceptivo, a la Gran Vía para provocar el caos, un dirigente estudiantil perteneciente al PSOE (que era quién gobernaba por aquellos entonces) decidió que era mejor hacerlo por la trapería hasta Santo Domingo, como si fuésemos una procesión de semana santa -Este personaje, poco después, se convertiría en el consejero más joven de la historia murciana-. La mayoría se dejó manipular, pero unos pocos cientos nos revelamos y decidimos tomar la Gran Vía; con un par. Marchamos lentamente rodeados de policías hasta la plaza circular, y no contentos la rodeamos. Como andábamos escasos de efectivos, jerseis y rebecas fueron utilizados cubrir el perímetro. El Momento álgido fue ver a mi amigo Charli, subirse al un autobús escolar lleno de niñas de colegio de monjas. que se había saltado nuestro particular checkpoint. No hay que obviar que charlie en aquella época era punki de cresta, ni que decir tiene el terror que provocó en aquellos angelitos de faldas a cuadros.
En fin, especialmente recuerdo la última, cuando los compañeros del Instituto del Carmen (los más valientes) vinieron al Cascales a que nos uniésemos a ellos, y solo bajamos dos de mi clase a pesar de las advertencias de la profesora de ingles. Entre pitos y flatuas, ese curso duró solo 5 meses.
El caso es que en esos momento todo aquello me parecía natural y formaba parte de ser joven y combativo; de lo que no me arrepiento, porque me sentía vivo.
Por eso, aunque me veais gruñír por la calle. Pensad,que en mi fuero interno estoy gritando: ¡Adelante muchachos, estoy con vosotros!.

CHACON WEB

Manolo Chacón.

Abogado.

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