Adolescentes antes y ahora. Del casete al smartphone

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Tanto si tus hijos están en plena adolescencia como si todavía la ves muy de lejos porque crees que crecerán despacio este post te interesa. Créeme, yo hace dos días estaba como tú, y mírame ahora, leyendo y escuchando a marchas forzadas a los que más saben de esta etapa porque ha llegado sin darme cuenta

Es cierto que los padres y madres estamos en un continuo aprendizaje porque no hay manual de instrucciones ni fórmulas mágicas que sirvan para todos los niños, ni siquiera para los que son hermanos, ya que lo que ha funcionado con uno, con el siguiente, puede que no, pero esto forma parte de la aventura de ser padres y madres! Vivámosla con alegría porque al fin y al cabo, todos y todas hemos pasado por lo mismo, aunque nos cueste acordarnos, y aunque nuestra adolescencia fuera muy diferente a la de nuestros hijos.

Quizá debamos echar la vista atrás y recordar cómo nos sentíamos, cómo era la relación con nuestros padres, y sobre todo pensar cómo nos hubiese gustado que fuera para que podamos ayudar y acompañar a nuestros hijos e hijas en esta etapa tan llena de retos para ellos y para nosotros.

¿Pero tan diferente fue nuestra adolescencia de la de nuestros hijos?

Pues si nos paramos a pensar un momento, el salto generacional es importante. Fijaos:

-Antes si un amigo quería ponerse en contacto contigo, tenía estas opciones: o te veía en el Instituto, o se hacía en encontradizo cerca de tu casa, o tenía que pasar el filtro de papá o mamá llamando a casa. (Si era capaz de llamar el chico al que le gustabas, es que iba en serio).

Ahora, con el Whatsapp y el resto de redes sociales es tan fácil ponerse en contacto que asusta.

Antes para escuchar música teníamos que convencer a nuestros padres para que nos compraran un casete o un vinilo, le teníamos que dar la vuelta cuando acabábamos la cara A, y a veces rebobinar con un boli Bic si el walkman andaba mal de pilas.

Ahora, tienen acceso a todo tipo de música desde el móvil, y ni nos enteramos de lo que escuchan (mejor, porque es básicamente es reggaeton; antes había más variedad y las letras no eran tan explícitas).

-Antes nos pasábamos las tardes en la calle con las amigas, íbamos al kiosco y comprábamos unos Gublins y unos chicles y éramos felices.

Ahora se juntan virtualmente mediante el Fortnite, cada uno desde su casa, o si se reúnen físicamente están cada uno atento a su móvil.

-Antes, para saber algo sobre sexo teníamos que preguntar a alguien, o bien a nuestros padres o a nuestros amigos. Ahora, sólo hay que googlearlo y en un click tienen todos los detalles. Así, sin anestesia.

¿Pero tan diferente fue nuestra adolescencia de la de nuestros hijos?

-Antes no teníamos acceso tan fácil a todo tipo de información. Ahora crecen más rápido porque saben más cosas.

-Antes empezábamos a ser adolescentes cuando íbamos al Instituto a los 14 años. Ahora, (y esto es culpa de los adultos), les hemos adelantado la adolescencia a los 12 años porque les hemos mandado el mensaje de que ya son mayores porque pasan al Instituto y abandonan el colegio.

-Antes las en familias se respetaba la figura del profesor. Ahora les hemos quitado la autoridad y hemos perdido un aliado para educar.

-Antes nuestra madre solía estar en casa cuando llegábamos del Instituto. Ahora, casi todas las mujeres trabajamos fuera de casa y los jóvenes pasan más tiempo solos. Esto es debido también a falta de medidas de conciliación reales y efectivas familia-trabajo.

-Antes los padres y madres eran más autoritarios, ahora somos más sobre protectores y permisivos

Todas estas diferencias hacen que para nuestra generación de madres y padres sea todo un reto educar a nuestros hijos adolescentes, pero no olvidemos que lo más importante, lo esencial, sus sentimientos, siguen siendo los mismos que los nuestros. Vivamos esta etapa de la adolescencia  como un reto en el que crecer como familia!

He puesto sólo algunas diferencias entre nuestra adolescencia y la de nuestros hijos, pero seguro que se te ocurren muchas más, y nos encantaría conocerlas.

¡Déjalas en comentarios!

María Sánchez

Blog “Madres Cabreadas”

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