Las ECM, una realidad compleja y desconocida

El fenómeno de las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) es una realidad compleja y desconocida. Desde el punto de vista científico no tiene explicación alguna, ni incluso una definición propia de lo que son.

Pero déjenme que les plantee una primera cuestión: tras haber ejercido con pasión la medicina durante algunos lustros, y enseñado a cientos de alumnos, con relativa frecuencia me suelo hacer alguna pregunta recurrente con el paso de los años: ¿Cuánto nos queda aún por aprender y saber en profundidad? ¿Nuestra visión científica positivista ha llegado a lo que se suele llamar “techo de cristal»?

Como explicación básica, una ECM se refiere a un recuerdo generalmente muy lúcido, como si se tratara de una experiencia real que ocurre cuando una persona ha sufrido una parada cardiorrespiratoria o está en una situación muy próxima a la muerte.

Hasta los años 80 del siglo pasado se trataba de anécdotas de pasillo y de café del personal clínico de los hospitales, cosas curiosas sin explicación alguna que rompían la monotonía de las jornadas. Pero todo cambió en 1981 con el reputado cardiólogo holandés Van Lommel y la investigación que publicó en la prestigiosa revista científica internacional “The Lancet” que causó revuelo internacional.

Van Lommel había trabajado 25 años en un hospital docente con 800 camas. Tras hablar con cientos de sus pacientes que habían sufrido un paro cardíaco, quedó atónito al escucharles decir que en el momento en que estaban clínicamente muertos, recordaban haber vivido una experiencia tan extraordinaria como real , muy lejos de haber pedido la conciencia.

En su investigación se aporta un dato sorprendente: al menos un 18% de los pacientes con encefalograma plano sufren una ECM. Si el cerebro alcanza el estado de “encefalograma plano” entra en muerte cerebral, cesa por completo y de manera irreversible la actividad neuronal. Por tanto, según el cardiólogo, no son meras alucinaciones como la clase médica oficial lo calificó.

Las ECM no dependían de factores como la religión, la raza, el sexo o la cultura. Los que las vivieron regresaron rodeados por una luz inexplicable tras un largo túnel. Experimentaron también un cambio de percepción, especialmente sorprendente en el caso de personas sin visión.

Es un hecho constatado por la comunidad científica que determinados daños cerebrales implican una afectación en la consciencia, de la misma manera que determinadas drogas, quizás la más paradigmáticas sean los alucinógenos tipo Psilocibina o LSD, crean un estado de consciencia diferente o alterada.

También está reportado en la literatura científica que determinado tipo de lesiones cerebrales, por ejemplo, algún tipo de epilepsias, generalmente una región cerebral conocida como el lóbulo temporal: pueden causar alucinaciones y que son vividas como reales.

¿Por qué de repente surge en la comunidad científica una alarma respecto a este tema?

En principio la falta de oxígeno, o anoxia, en estas situaciones complejas, o quizá el mismo trastorno cerebral general, puede llevar a fenómenos alucinatorios o alteraciones de consciencia. En teoría no es difícil de explicar. Sin embargo, las ECM presentan un fenómeno singular, que necesita de una explicación que la ciencia no ha podido determinar.

Para empezar a comprender la naturaleza del fenómeno podemos contar con dos principios o datos importantes.

El primero es que un daño cerebral producido por una causa diferente (un infarto, una hemorragia o tumor) suele alterar una función neuronal concreta. Esto es lógico, nuestros sistemas neurológicos, tanto cerebrales como extra cerebrales necesitan del soporte físico y químico de nuestras neuronas: sin ellas no podemos pensar, actuar o realizar las funciones vitales necesarias para la vida.

La segunda es que “ese daño” suele conllevar un “déficit” o, al menos, una “alteración de las funciones cerebrales”. Un ejemplo característico es la amnesia o falta de memoria, cuando se sufre un accidente con impacto relativo en el cerebro, o una parálisis cerebral de una determinada parte del cuerpo.

Desde el siglo XIX se sabe con certeza que cada zona del cerebro se corresponde con zonas específicas del cuerpo, tanto en el proceso motor como el sensitivo. Incluso que determinadas áreas del cerebro se asocian al comportamiento emocional o de pensamiento.

Sin embargo, el proceso de la consciencia, o, mejor dicho, de la autoconciencia sigue siendo un desconocido en la ciencia actual.

Sin embargo, nuestra comprensión científica actual de un mecanismo neurobiológico para explicar cómo procesos químicos y eléctricos pueden conducir a experiencias subjetivas aún no se ha descubierto. Según una de las revistas de mayor prestigio en el campo de la medicina, “Resucitation”, la evidencia de cómo las neuronas o los circuitos neuronales pueden producir la esencia subjetiva de la mente y los pensamientos es desconocida y proporciona uno de los mayores desafíos para la neurociencia.

Es cierto que, algunos síntomas, como la visión a través del túnel, o recuerdos tipo alucinatorios pueden ser explicados desde el punto de vista neurológico o psicológico. Sin embargo, hay otros fenómenos, científicamente reportados que son muy difíciles de explicar con los conocimientos que tenemos actualmente.

Existe mucha casuística en torno a las ECM, pero hay dos tipos de casos paradigmáticos:

El primero corresponde a esos pacientes que, habiendo sufrido una ECM, son capaces de describir cosas que han pasado en esa situación como si las hubieran visto incluso desde una perspectiva visual y auditiva real, a pesar de que tenían los ojos cerrados y su conciencia estaba anulada en ese momento.

Se trata del famoso caso de la mujer operada que describió el color de los zuecos de las enfermeras que asistían la operación. Obviamente la mujer no tenía la capacidad de ver pues estaba sedada con los ojos tapados en el proceso quirúrgico.

El segundo caso, tampoco inhabitual, es cuando los pacientes con capaces de describir escenas que se están produciendo fuera de su entorno, en otro quirófano, o incluso describen lo que están viviendo o haciendo familiares o amigos suyos en ese mismo momento fuera del hospital.

Los médicos, naturalmente, somos muy escépticos para todo aquello que no se puede demostrar, o al menos explicar de una manera más o menos científica, y solemos poner en duda hasta testimonios que hemos llegado a vivir de cerca.

De hecho , está probado que, aún sin tener estados alterados de consciencia podemos incluso creer cosas irreales por la mera sugestión. Pero el problema viene cuando no podemos explicar cómo determinados estados “de la mente” son capaces de traspasar o “ver, sentir y escuchar cosas reales” que transcienden de ese momento.

Si estuviéramos hablando de una daño o lesión cerebral, tendría sus consecuencias de déficit, alteración de consciencia o incluso alucinación, pero la “peculiaridad“de las ECM es que se comportan como si la consciencia (la mente o el alma, según la denominación que pongamos) fuera por libre, como si no necesitara de esas estructuras neuronales. Es más, es como si fuera al revés: es la consciencia quien modula o hace funcionar a esas redes neuronales, y no son las neuronas las que “crean” la consciencia o mente, como siempre se ha creído desde el punto de vista científico.

Existen distintas teorías o hipótesis que intentan explicar este fenómeno, desde los procesos “cuánticos de los microtúbulos neuronales” o una especie de “resonancia mórfica”, hasta que haya un mundo o vida espiritual más allá del material que conocemos.

Quizá hemos abusado tanto de la visión positivista-cientificista (lo que no está demostrado no existe) que hemos cegado a otras puertas de conocimiento.

Sea como fuere, los médicos que tenemos la gran suerte de investigar y conocer este apasionante fenómeno, al menos en mi caso, solemos tener un punto de vista distinto respecto al gran misterio de la vida y la muerte, porque ambos fenómenos lo son.

Lo que sí está claro es que, al igual que sucede en la física cuántica, es necesaria una nueva forma de pensar para empezar a comprender esta intrigante y muy desconocida área de la ciencia.

ECM

Quiero acabar con un caso del que fui testigo directo hace unos años y que abrió mi curiosidad por este fenómeno

El enfermo no tenía más de 6 años y padecía un cáncer incurable, con una esperanza de vida no más allá de un año. Desgraciadamente, un cuadro poco frecuente pero existente en mi especialidad.

Fue ingresado para modular su medicación por lo que tuvo que hacer noche en el hospital. A la mañana siguiente, el pequeño les hizo a sus padres una declaración que dejó a los padres fuera de lugar.

Según les relató, la noche del ingreso estuvo hablando con unos “amigos” que le anunciaron que le esperarían con muchos juguetes un día concreto de la semana próxima, a una hora concreta. Además, esos “amigos imaginarios” le aseguraron que sus padres no tenían que preocuparse, todo lo contrario.

Naturalmente, los padres, alarmados por el posible efecto de la medicación, acudieron al oncólogo pediatra para comentarle el suceso. El especialista les tranquilizó y les expuso que esa actitud era normal en los menores y que, a pesar de su gravedad, el chico se encontraba estable y en relativas buenas condiciones.

Sin embargo, a la semana siguiente, el mismo día y a la misma hora que el chico les avanzó a sus padres, el paciente falleció por una complicación “muy poco habitual y rarísima”, según aseguró el oncólogo. Los padres, naturalmente, quieren pensar que su hijo se fue con sus amigos y juegan con él…

Hay muchos testimonios parecidos, que podremos contar en los siguientes artículos, que no parecen fruto de la casualidad, y de aquí volvemos al principio: ¿Habrá que volver a una nueva ciencia que tolere otros paradigmas que se alejen de la “normalidad”?

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