Lady Marian entrevista al artista, Lidó Rico (Yecla-1968) con motivo de su exposición, «Tu vuelo, mis alas» que desde el pasado 12 de febrero podemos disfrutar en la Sala Verónicas, de Murcia.

La obra de Lidó Rico forma parte de importantes colecciones públicas y privadas, como la del Museo Reina Sofía de Madrid, el Banco de España, el Museo Vasco de Arte Contemporáneo, el Instituto Valenciano de Arte Moderno, La Caixa, la Colección Pilar Citoler o Ernesto Ventós, y otras internacionales como la Colección Miloud Chaabi de Marruecos, la de Shaikh Bin Khalifa de Emiratos Árabes o La Colección Pérez Simón de México, entre muchas.

Lady Marian.- Querido José Ramón de apellidos musicales, este título es pura poesía al igual que tus nueve obras.

Lidó Rico.-Afortunadamente, al nombre que heredé de mi abuelo le sigue un apellido peculiar, podría haber sido mucho peor, porque de haberse llamado Tiburcio hubiera tenido que aguantar igualmente el estigma, es posible que si de lejos me llamas José Ramón no me dé por aludido, es lo que consta en mi DNI, pero no me siento identificado por él, porque desde que tengo uso de razón la gente me ha llamado Lidó.

El título “Tu Vuelo, mis alas” es toda una declaración de intenciones. Habla de la necesidad de implicarse a la hora de mirar una obra, habla de la figura del espectador, de su importancia fundamental, y necesaria, para que el arte se proyecte y tenga sentido.

L.M.-¿Estás satisfecho con las historias que cuentan? 

L.R.Las historias que cuentan no han hecho más que empezar, porque van a existir tantas historias como personas vengan a visitarla. El arte está hecho por personas, y es para personas. Yo soy una especie de intermediario, o dicho de otra manera, un mediador de contingencias. Para mí cada  espectador es único, es una pieza fundamental que aporta a mi obra el sentido que le da su propia experiencia, de esta forma, aunque cada pieza sea única, su interpretación se multiplica exponencialmente cada vez que un nuevo individuo la observa y la interpreta.

La palabra satisfacción es bastante fugaz en mi forma de ser cuando la creación es una necesidad biológica. La necesidad que te genera el compromiso por superarte te hace ser una persona exigente, y por consiguiente, insatisfecha, porque considero que siempre se puede llegar más lejos. Es algo similar a exprimir una naranja; sé que después de apurar el zumo puedes seguir incidiendo con la pulpa y la corteza, una vez que ésta se acaba soy capaz de seguir apretando, desgranando piel, fluidos hasta llegar a triturar y licuar mis huesos, y aún así soy capaz de seguir apretando hasta lo imposible, hasta que el alma cae a gotas tintando un exprimidor lleno de intenciones.

La palabra satisfacción es bastante fugaz en mi forma de ser cuando la creación es una necesidad biológica

L.M.-Tu propio cuerpo participa, y crea, lo que finalmente se convierte en una historia plástica, una historia de arte. ¿Cómo llegaste a esa utilización de tu físico como vehículo?

L.R.Han pasado 33 años desde que realicé mi primera exposición individual en Italia, antes de aquello ya había sentado unas bases que se referían a obviar tendencias para dar toda la importancia a la intuición y al instinto. Siempre pensé que un hombre son todos los hombres, que reproduciendo mi cuerpo sería como hacer el de todos, así que supe que el hombre como envase jamás se pasaría de moda porque todo está fabricado a su invariable medida, y es en ese mundo de objetos, piel y alma, donde se asentaron las premisas de mi trabajo. A pesar de haber pasado tantos años, mi sensación es que sigo en una misma vía, subido en ese mismo tren donde cada esfuerzo, y experiencia, se han ido sumando a los vagones de mi existencia.

Siempre pensé que un hombre son todos los hombres, que reproduciendo mi cuerpo sería como hacer el de todos

L.M.- En estos tiempos de soledad, de pesimismo y de una terrible individualidad, ¿crees que el arte nos salvará?, o al menos, ¿nos ayudará a salir de nosotros y emprender un viaje?

L.D.-Tengo la absoluta certeza que el arte cura. El arte puede llegar a suponer el antídoto perfecto para salvarse de una sociedad completamente rota y narcotizada por un contexto donde el miedo, y el culto por la apariencia, no dejan espacios para la naturalidad del hombre. Hace muchos años que el arte desterró esa idea de ser de uso exclusivo y mero abalorio decorativo de unos pocos, para pasar a tener un papel activo y vital dentro de la propia evolución del pensamiento.

Siempre he pensado que el conocimiento es la base fundamental para aprender a amar las cosas, pero el conocimiento al que me refiero va mucho más allá, porque no se ciñe exclusivamente a engullir datos o libros, haciendo en muchos casos como nuestras opiniones o experiencias ajenas. La intuición unida a una rigurosa inquietud, suponen la pista de despegue para desarrollamos, es nuestra sinergia con la experiencia la que nos suma teniendo la capacidad de formularnos como lo que somos.

Por mucha sabiduría que se posea nadie es dueño de las sensaciones que el arte es capaz de generar en el espectador, tampoco nadie posee esa varita mágica que da la real potestad de tener su monopolio, y es ahí, en esa manipulación donde empieza el problema, justo cuando se convierte en negocio, cuando los dogmáticos o visionarios que surgen como setas intentan vivir de él, diciéndonos donde está la mentira, o la verdad, a que caballo apostar, y a cual no.

Si logramos evitar y alejar esa toxicidad de nuestra vida, conseguiremos el regalo de observar el arte sin complejos y así comenzar a crecer gracias al viaje más fascinante e inesperado que hubiéramos podido soñar.

L.M.- Cuéntame la anécdota más original que te ha ocurrido en una exposición.

L.R.-Anécdotas muchas, pero no me tengo que ir muy lejos. En el montaje de esta misma exposición ocurrió algo bastante curioso.

Después de acabar el montaje de la obra fotoluminiscente, un gran tondo lleno de cuerpos e historias, me llamaron por teléfono de madrugada diciendo que alguna de las piezas se habían caído al suelo. Al describírmelas les dije que era del todo imposible… Soy tremendamente meticuloso, rozando lo enfermizo respecto a la perfecta colocación de las piezas, para que todo aquello cayera al suelo. Una de ellas, la más pesada, había literalmente que levantarla y desplazarla de la pared hasta sacarla de sus anclajes, las otras, una virgen y una rejilla, había que sacarlas hacia arriba, no sin complicación, ni esfuerzo, y expulsarla para que cayeran donde se las encontraron. Te puedo asegurar que el terremoto más grande que puedas imaginar no lo hubiera conseguido, de hecho me informé y no hubo ninguno esa noche.

Cuando llegué por la mañana y vimos la grabación de las cámaras, no daba crédito, ¡hasta el vello de mis piernas terminó de punta!… Como por arte de magia se ve cómo en distintos momentos fueron cayendo esas piezas. Fue entonces cuando alguno de los presentes dijo que justamente abajo estaban enterradas las monjas en una cripta, entonces me callé y entendí.

L.M.- ¿Cuándo es mayor el disfrute, durante la ejecución, o en la contemplación una vez terminada la obra?

L.R.-Ver crecer un concepto hasta que se materializa. La mayor satisfacción son esos momentos en los que  todo puede ocurrir mientras la idea trasciende en materia. Puedo decirte que una obra jamás se termina, y llegar a eso es lo más complejo, porque tiene el deber de trasmitir constantemente, manteniéndose en continua ebullición.

L.M.- Cuando contemplo tú trabajo me vienen a la mente palabras como provocación, cavidad, desafío, sorpresa, sufrimiento… Y me provocan diferentes emociones. ¿Es esa la finalidad que pretendes?

L.R.-Provocar sin más es ridículo y un sinsentido, el propio contexto en el que vivimos ya nos instiga lo suficiente. Mi trabajo es un espejo donde mirar aspectos que desconocemos de nosotros mismos, en él hay anhelos y miserias, sufrimiento y verdad, pero sobre todo lucha, infinita lucha y muchas razones para vivir. Acariciar la sorpresa, lo impredecible y la emoción, es fundamental, porque sin ello la vida se vuelve aburrida, plana e insustancial.

L.M.- Te imagino paseando entre los asistentes que admiran tus obras, unos entenderán la historia, otros solamente apreciarán la belleza implícita en ella… y otros (entre los que me cuento) disfrutarán de la emoción que suscita tu trabajo, tu viaje, tu verdad. Dime, ¿No te gustaría leer nuestras mentes?

L.R.-Uffff, Te puedo asegurar que ni siquiera puedo leer la mía, como para meterme en la cabeza de otros, ¡déjate!. Lo que sí que me interesa es cómo después de observar una pieza traducen sus reflexiones en palabras, y ese discurso que se puede generar a partir de ahí.

L.M.- Al igual que el perro termina pareciéndose a su amo, tus obras acaban mimetizándose contigo en cuerpo pero también en alma, ¿me equivoco?

L.R.-Absolutamente cierto Marian, pero prefiero pensar que soy el perro, tienen mucha más nobleza que el hombre, quizá porque desconozcan el significado de palabras como arrogancia y soberbia.

Vivimos en una prisión llamada cuerpo, solo hasta que comenzamos a tener conciencia de la mediocridad y fragilidad con la que estamos formulados, podremos avanzar

L.M.- Intensidad, complejidad, vida, libertad, desafío y fragilidad son adyacentes a cualquier trabajo creado por ti, ¿estás de acuerdo?

L.R.-El hombre es blando y todo lo blando es perecedero y carente de credibilidad, quizá por eso en mí trabajo los cuerpos son macizos y duros.

Vivimos en una prisión llamada cuerpo, solo hasta que comenzamos a tener conciencia de la mediocridad y fragilidad con la que estamos formulados, podremos avanzar. Somos una suerte de química que nos acerca a ser un auténtico milagro de la naturaleza, pero todo se encarga de que nos alejemos hasta soterrar ese término. Yo reivindico a través de cada una de mis piezas la imperiosa necesidad de recuperarlo.

L.M.-Terminamos esta entrevista con una pregunta muy personal…¿Qué sueñas?

L.R.-Sueño con una sociedad más empática y sinérgica. Sueño con seguir arañando mi alma hasta que me queden uñas

L.M.-¿Y en con qué sueña Lidó Rico?

L.R.-Sueña rodearse de estabilidad.

L.M.-Hombre y artista… ¿Dos, o sólo uno?

L.R.-Solo uno. No lo podría entender de otra manera.

L.M.-Un verdadero placer poder entrevistar a ambos.

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