Generación Ficción: “Mundos paralelos”

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Me llamo Daniel, pero da igual. Es sólo para que me pongas nombre, no se te ocurra ponerme cara. No la tengo muy buena hoy. Acabo de tener una discusión con mi novia muy gorda. Muy gorda la discusión, ella está muy buena. Perdón por mi brusquedad, esta noche he bebido mucha cerveza, amén de la botella de vino que compartí con Toñi. Toñi es para que le pongas nombre a mi novia. Mi novia de esta noche, porque mañana doy por hecho y deshecho que ya no lo será. A ella sí puedes ponerle cara, o intentarlo. Es más guapa de lo que intentes.

La cena muy bien, gracias. Mirarla era lo más maravilloso que podía hacer, y sin embargo me distraía. Soy muy despistado. Ella creía que le miraba las tetas a una chica de otra mesa, pero en realidad le miraba el culo (estaba de perfil a mi posición). ¿Y qué? Yo nunca engañé ni engañaría a Toñi, pero ella se sentía insegura, en parte por culpa mía. Aún no he llegado a mi casa… pero lo contaré por orden. Me cuesta escribir en el móvil, he tenido que sentarme sobre un banco de un barrio que no sé cuál es.

 Mis brindis se le olvidaron. Sólo se acordaba de las tetas de aquella chica.

            -¡Pues adiós! –casi le grité pero sí le dije-. Si piensas eso de mí, ¡se acabó la noche!

En mitad de la acera y de la madrugada, me di media vuelta y ella siguió avanzando hacia delante. En lugar de llorar, me detuve. Pensé. ¿Me he precipitado? Me giré sobre mis pasos y contemplé su figura, ermitaña en un vestido negro del que nunca la pude sacar (porque ella lo acababa de estrenar para la ocasión ahora perdida). Me di cuenta de que su culo era mejor que el de la chica desconocida. Cuando Toñi estuvo lo suficientemente lejos, no me preguntes por qué pero decidí seguirla. No me preguntes porque te voy a responder. Tenía la ciega esperanza de que ella se daría la vuelta. Igual que yo lo había hecho. Si me quería tanto como yo a ella, sabría concluir de inmediato que se había equivocado con sus celos. Como yo con mis semigritos. Caminé muy despacio, durante metros y minutos que parecían años luz y eternidades, respectivamente. Ella se giró, pero no hacia mí. Lo hizo hacia otra calle, y luego hacia otra. Siempre hacia la derecha.

Rendido a su indiferencia, cambié de dirección, y me bebí todas las cervezas a las que me he referido antes. Voy a dormir sobre este banco. Y sin soñar.

Me llamo Toñi. Estoy sola en un portal. Hoy soñaba con una noche romántica, pero hace rato se me olvidaron los brindis que me hizo mi novio. Porque se puso a mirar unas tetas que no eran mías. Es muy descarado, pero me quiere. Y yo no soporto los descaros. No sólo no se corta, sino que luego lo niega e intenta que me sienta culpable. Y lo consigue. Cuando estaba a punto de perdonarlo, ha perdido los nervios y ha dado media vuelta. Qué maleducado. Por orgullo, no he tenido más remedio que seguir mi camino. Sin mirar atrás, no quería que él me viera mirándolo desde lejos. Pero mi orgullo nunca dura más de una esquina. He girado. Y luego otra vez.

            Tenía tanto frío que sabía que él no me seguía. Él siempre es una primavera. He esquivado farolas, para que nadie adivinara mi vestido negro estrenado para él. He llegado a este portal. Y he pulsado un timbre.

            Como me temía, él no ha vuelto a su casa. En lugar de hacerlo, esperando que yo lo visitara para hacer las paces y los amores, se habrá seguido emborrachando. Buscando otras tetas.

            Qué hijo de puta.

Ponle banda sonora a éste microrrelato “Los Limones”

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