Miramos hacia ese mar que nos enlaza, que nos invita al camino, que nos rompe y arregla al mismo tiempo. Nos movemos con lo que entendemos como sincronicidad.

Nos amamos en varios tiempos que se juntan en uno. La existencia es plena, tal y como la hemos concebido. Los milagros, como podemos comprobar, existen.

Nos damos esa tregua que nos permite seguir con calma, en armonía, con la fuerza de los buenos tiempos. Nos albergamos como suprema gracia.

Hemos de admitir que hay errores, pero de ellos también aprendemos. Nos concebimos desde un pacto no escrito.

Nos debemos lealtad: ésta también aparecerá en tiempo y forma. Nos hemos consumido para volver a nacer. Nos respiramos en puro complemento.

Nos entregamos al presente-futuro que nos remite a un caminar plácido. Nos armamos de valor. Tenemos muchos conceptos que compartir. Estamos en el sitio adecuado. Es el momento. Y somos nosotros. Todo se ha concitado. Ahora toca sacarle un provecho espiritual.

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