Buscamos las novedades que nos mantienen en vilo y en la existencia al tiempo. Nos comprometemos para dar aviso a nuestras carnes, y al alma también.

Nos mantenemos en ese lugar que nos invita a seguir como si todo tuviera algo de sentido, que lo tiene. Nos hemos de conservar de la mejor manera posible.

Intimemos con la realidad y dotemos de solubles sentimientos las caricias y los procesos en los que nos movemos. No paremos de ningún modo.

Las promesas se han de cumplir. Evitaremos los lenguajes de derrotas. Mostremos las capacidades que nos corrigen para transitar en paz. No malgastemos el tiempo.

Las posturas nos han de ayudar a continuar felices por los parajes de la infancia y de la adolescencia. Nos soñaremos bien. Eso puede ser garantía de éxito: hemos de evitar las asimetrías que desgastan. Nos ha de tocar esa lotería que nos apaña.

Indiquemos las formas y las voluntades que nos regalan pensamientos gratos para adelantar el paso. No todo es valentía. Tampoco nos quedemos atrás. Recitemos en calma. 

La historia personal y colectiva se ha de valer de la experiencia, pero no olvidemos jamás que la improvisación y la innovación son cimientos de futuro. ¡Siempre adelante!

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